Ya no sé cuántas veces he hablado de mi padre, creo que todo aquel que me conoce puede hacerse una idea de la importancia que tiene para mi, el apoyo que significa en los malos momentos.
Pues esta mañana me avisaron que está enfermo, en Chile. Su vesicula a reventado, en Chile. Necesita una operación, en Chile.
Muchos pensarán que no es para tanto, una operación de vesicula es una intervención común, pero seguro que quienes piensan eso no han estado realmente enfermos en Chile.
Cuando hablamos de un modelo de salud hecha para los sanos y con dinero, ese modelo es el que se aferra porfiadamente a la cordillera de los andes. Mis padres nunca han podido contratar una un seguro de salud privado ya que sus dos hijos tenían enfermedades pre-existentes; tanto mi hermano, como yo éramos discapacitados.
Al morir mi hermano Ignacio y yo desaparecer en España sólo quedaba mi hermanito más pequeño Francisco, pero tampoco pudieron contratar un seguro médico ya que mi padre presentaba diabetes.
Claro que hay un Fondo Nacional de Salud, pero que es rechazado por casi todas las clínicas privadas y son estas las que cuentan con tecnologías tan avanzadas como una resonancia, un TAC o un electrocardiograma.
Ahora mismo está en la cama del hospital del Carmen, esperando que lo llevan a otro sitio donde le hagan una “resonancia” como gran cosa y firme el modo de pago, sino paga… no lo operan, así de simple.
El pobre hombre lo que más lamenta es que por pagar su operación, ya no podrá ayudarme para viajar en navidades a Chile:
Y qué más me da, me importa que esté para otras navidades caballero.
Ahora toca reunir fuerzas para no romper la pantalla, para no cagarse en todos los hijos de puta que han acomodado sus blancos potos, acomodados en consejos de clínicas privadas y a la vez legislando a su favor.