VENEZUELA es poseedora de una porción privilegiada del extraordinario catálogo de paisajes y ecosistemas del planeta y el universo. Nuestra situación en el cinturón intertropical de la tierra, y la distinción de participar de tres grandes vocacionales geográficas americanas, la caribe, la andina y la amazónica engalanan a nuestro territorio con espléndidos dones de belleza, diversidad y riqueza ambiental.
Desde nuestra diversidad ambiental y las opciones que está ofrece para la experiencia humana y para desarrollar formas novedosas de interacción con la naturaleza, podemos sin duda reconocernos como un país dotado de una potencialidad extraordinaria de desarrollo.
Nuestro país capitaliza como logros esenciales de su devenir-nación una serie de momentos estelares de modernización, entre las cuales se cuenta la irrupción petrolera, la interconexión vial del país, el control del mal de Chagas, la escolarización generalizada y la nacionalización de las industrias básicas.
Para reconocer una parte poco contada de nuestra historia, debemos agregar a esto la creación del servicio de guardabosques del MAC, la creación en 1937 de nuestro primer Parque Nacional, la creación del Ministerio del ya olvidado ambiente y la paulatina Constitución de un sistema de Parques nacionales que tienen la potencialidad de ser un orgullo de país.
Sin embargo, somos un país paradójicamente pobre; en continuo intento fallido por salir de la categoría de subdesarrollado, y de débil estructura institucional. Si apostamos a la confianza de ser un país joven en plena crisis de crecimiento económico y social, con capacidad para aprender de nuestros errores, releer los logros del pasado y reconstruirlos, tendremos un abanico abriéndose en un horizonte de posibilidad para nuestro futuro
Dentro de estas coordenadas del pensamiento, aquí propongo un ejercicio de revisión de nuestros Parques nacionales como insertos en nuestra mejor tradición ambientalista para socializarla y hacerla bien común.
fuentes: fotos personales www.facebook.com