TALLER ROJO
La travesía
Solía pensar en lo que pasaba por tu mente, lo que te mantenía tan lejos aún estando tan cerca. Inventaba cualquier hipótesis como motivo de tu distracción, pero nunca creí que lo que realmente pensabas, era en aquella persona que algún día atrás fue el amor de tu vida, y nunca dejó de serlo.
Aún sentado en esa banca, emprendías una larga travesía en busca de tu amor. Yo me limitaba a quedarme sentado, leyendo y fumando algún cigarrillo mientras esperaba tu regreso.
Hace tiempo que no te veo sonreír, desde que esa persona partió para nunca volver, se borró toda señal de felicidad de tu rostro. Tu sonrisa era algo magnífico, capaz de iluminar mi vida en el día más oscuro. No importa si estaba muriendo por dentro, sonreías y me contagiabas tu felicidad. Dejar de sonreír se me hacía imposible. De verdad, extraño esos momentos que viví contigo y ya no sé si volverán a repetirse.
Todas las noches, en esa banca, en ese parque, te vas en la búsqueda del amor de tu vida. Mientras yo, me quedo en compañía de un libro y algunos cigarrillos, esperando que el amor de mi vida me encuentre a mí en su travesía.
ANÁLISIS
SUBIRÉ EL ANÁLISIS EN BREVE
TALLER AMARILLO
Dentro de una botella
Era imposible que ella recibiera algo así, porque vivía en plena ciudad y en un apartamento cuyas escenas de ríos o mares solo podían verse en los pequeños cuadros, colgados en sus paredes desde quien sabe cuándo.
Aquel hombre había ido a la cafetería varias veces, siempre se sentaba solo apartado en un lugar de la esquina, generalmente las personas entraban y pasaban directo a la barra o a las mesas que estaban en el centro cerca del televisor. A ella le llamaba la atención ese hombre solitario que esperaba pacientemente su café y luego se iba con una breve despedida.
Nunca había intercambiado con él sino lo necesario, la orden de un café con leche pequeño sin azúcar, pero aquel día no fue igual, él pidió una cerveza y cuando ella fue a buscar el vaso, le hizo un gesto de que no, que prefería la botella. Se la entregó y le colocó un cenicero aparte por si le apetecía fumar, pero él no lo hizo, ella no sabía tampoco si fumaba o no, fue un simple mecanismo reflejo por la cantidad de veces que otros comensales así lo pedían.
Él se tomó lentamente su cerveza y pidió la cuenta, pagó inmediatamente nada más ver el importe de la misma. Pero no se fue, se quedó un rato y ella sintió que la observaba, pero le daba miedo voltear a verificarlo. No sabe en qué momento se retiró del lugar. Cuando se dio cuenta la mesa estaba vacía por lo que se aproximó a tomar la botella y acomodar un poco el mantel. Al hacerlo notó que dentro del envase vacío se veía lo que parecía ser un papel, miró rápidamente e intuyó que era un mensaje que aquel desconocido había dejado para ella.
Nerviosa entró a la cocina de la cafetería y dudó si colocaba o no la botella en la gavera con el resto de recipientes vacíos, finalmente decidió entrar al baño con la misma y la escondió detrás de un tobo de agua que permanecía siempre allí. En la tarde después de dejar todo organizado como siempre, recogió la botella que siempre mantuvo en la mente y la colocó dentro de su bolso, no sin antes sacudirla un poco para ver si podía sacar el papel, lo que fue imposible porque este se había estirado un poco y ahora estaba en la parte más ancha, así que decidió que en la casa sería más fácil extraerlo y leer el contenido.
Hizo todo el recorrido de autobús haciendo conjeturas, imaginó historias diferentes: “hola, me llamo Juan y deseo verte”, no, eso le parecía muy básico. Ella tampoco sabía su nombre; “hola, este es mi número telefónico, llámame”, ¿y quién se habrá creído él que es ella?, ¡qué abuso!, si quisiera hablar ya le habría pedido él su número telefónico, sin recurrir a ese truco. ¿Y si era tímido igual que ella?, quizá solo tenía una frase romántica sin mayor exigencia, finalmente él no sabe si ella tomó el frasco. ¿y si se quedó cerca observándola?. Sacudió como pudo el resto de ideas y se concentró en el camino hasta que llegó a su destino.
Llegó a la casa y estaba su mamá preparando la cena y le dijo que la había esperado para que compartieran una ensalada que había aprendido a hacer con la vecina. Así que se sentó a conversar a medias con su madre, pues su mente estaba en otra parte. Cuando terminaron de cenar se disculpó diciendo que le dolía la cabeza y se acostaría temprano.
Entró al cuarto y empezó a buscar un implemento delgado que le pudiera ayudar a sacar el papel, pero nada de lo que tenía le funcionaba, trató de sacarlo con un lápiz y este se le fue al fondo, entonces aprovechaba el movimiento de sacar el lápiz a ver si se traía el papel y fue inútil. Pensó en un gancho de ropa, pero todos los que tenía eran de plástico, una aguja de tener sería lo ideal, pero eran muy pequeñas, de tanto manipular la botella el papel se veía algo doblado y un poco húmedo. No, definitivamente en su cuarto no tenía nada con qué sacar ese anhelado mensaje. Entonces pensó que quizá en la cocina sí habría algo que la ayudara en su cometido y salió apresurada en su búsqueda con tan mala o buena suerte que al entrar se le cayó la botella muy cerca de la nevera. Su mamá escuchó, se sobresaltó y preguntó por el incidente, pero ella la tranquilizó.
Con la caída, la botella se había partido y el papel quedó disponible, lo había tomado rápidamente, y apretado en su mano, mientras recogía con apuro el resto de los vidrios, ahora su azoro era tratar de organizar, no fuera a aparecerse su mamá, entonces no tendría como justificar la presencia de algo como esto en su casa, donde nadie bebía licor.
Barrió con mucho cuidado las astillas de vidrio y todo quedó en orden. Una vez que echó por el bajante de la basura la bolsa con su contenido inútil se fue a su cuarto a revisar el papel.
Cafetería y Refresquería ”La Taza Encantada”S.A. No. 003426
Calle Principal Las Mercedes, No. 5. Teléfono 987654 Mesa No. 8
Cantidad Concepto Importe
1 cerveza ligera 45,oo
Total 46,25
Cancelado
Por dos veces leyó, primero apresurada y luego lentamente, lo volteo y el reverso no tenía nada escrito, era la factura que ella misma le había dejado.
Han pasado más de 30 años y cada vez que ve una botella vacía, pasa por su mente de manera fugaz, aquel recuerdo incómodo. La mayoría de las veces se ríe de sí misma, otras, recrimina al imaginario emisario.
TALLER AZUL
"Aida" Una historia más
Aida era una chica blanca, de estatura promedio, con un ojo color gris y otro color verde. Tenía el cabello negro y cara redonda. Vivía en un pueblo alejado de la ciudad con sus padres y era la segunda de seis hermanos.
Aida siempre fue diferente a los demás niños, era bastante retraída y de comportamientos erráticos. No lograba prestar su atención a ningún tema en específico y tenía la costumbre de huir del colegio y desaparecer hasta caer la noche. Éste hecho nunca llamó la atención de sus padres, pues eran personas que dedicaban todo su día a trabajar en el campo y nunca recibieron educación en alguna institución, desde que tienen uso de razón, sólo saben de tener hijos y trabajar para mantenerlos.
Mientras los años pasaban, Aida comenzó a tener una vida sexual libertina y sin ningún tipo de cuidado, así que era de esperarse, que se dedicara a parir una y otra vez. Cada hijo que tuvo, procedió a regalarlo. Hablaba con sus hermanos, tías y conocidos, para conseguirle casa a sus pequeños, y cuando alguien aceptaba, ella simplemente se desprendía de ellos, como cual prenda barata regala una mujer.
Un día, después de una visita a casa de sus padres, Aida se dirige a la ciudad en busca de un trabajo, pues su anciana madre, la recomendó con un Sr. De familia extranjera, españoles, para ser precisos, para el trabajo de ama de llaves y a ella le parecía una buena oportunidad para explorar las calles citadinas. Al llegar al terminal, la esperaba un Sr. Alto de unos 40 años, en su elegante ford mustang año 1965, el cual combinaba perfecto con su dueño.
Comienza a trabajar en su casa y así transcurren 6 largos meses. Trabajaba con el Sr. Miguel y la Sra. Carlota de Zaragoza, quienes tenían 10 años de casados, pero hasta el momento, no habían logrado concebir un hijo. Debido a la confianza que éstos le tenían, no dudaron el proponerle a Aida, que engendrara al hijo que Carlota jamás iba a poder tener, a lo que Aida acepto sin dudar.
Los nueve meses transcurrieron sin problema alguno, y ésta pareja veía como llegaba la felicidad a sus vidas. Lastimosamente, después de nacida la criatura, Aida volvió a sus arranques de siempre, su corazón estaba dominado por el resentimiento y el egoísmo, así que una noche lluviosa, mientras los señores dormían, huyó con el bebé en brazos y nunca supo lo que pasó con aquella pareja, pues volvió a su pueblo natal y no lograron dar con ella.
Lo más increíble de este caso, es que ella no se llevó al niño para, por primera vez, criarlo, sino por el simple hecho de que la pareja no fuera feliz con el pequeño. Como se imaginaran, Aida lo regaló también, en esta oportunidad, a una de sus hermanas. Luego de hacerlo, desapareció, se fue del pueblo y nunca volvió.
Los niños se conocieron, pues fueron criados por su mismo círculo familiar, sólo que algunos les fue otorgado el título “hijos” y otros sólo pasaban de la casa de algún familiar a otro, siempre tratados como “Los huérfanos”.
A veces me pregunto: ¿Quién es peor? ¿Aida, que se dedicó a traer niños al mundo para darles la espalda o las personas que aceptaron cuidar a estos inocentes, pero lo que hicieron fue darles una vida de humillación y el lugar de “personal de servicio”?
No sé a ciencia cierta si mi padre fue afortunado de ser adoptado por su tía y su esposo con problemas de alcohol, pues a pesar de ser tratado como un hijo más, no tuvo una infancia del todo feliz y a medida que pasaban los años, la vida le demostraba que no tenía familia, que estaba solo en el mundo. Claro, hasta que conoció a mi madre, quién lo ha acompañado por 24 años. No tengo manera de determinar, que hubiera pasado si mi “abuela”, le hubiese dejado a mi papá, a esa pareja de españoles, tal vez hubiese tenido una vida mejor, con todas sus necesidades cubiertas y amor incondicional o tal vez no, pero valoro y admiro en lo que se convirtió.
Siempre me dice que no cambiaría nada, pero si yo tuviese el poder de hacerlo, lo haría sin dudar (aún si arremeto contra mi propia existencia), porque todos merecemos ser amados y protegidos. La vida es dura, un tanto más para algunos, que para otros, pero lo es y podemos lamentarnos o continuar, así que mi papá continuó y está aquí, rodeado de sus 6 hijos y su esposa, dando todo lo que tiene y recibiendo aquello que les podemos dar. Él pudo odiar, pero eligió perdonar y es lo que lo ha mantenido de pie, el estar libre de resentimiento.
Quizás lo primero que se nos ocurre, es juzgar a aquella mujer, convertirla en un monstruo, en una desalmada, pero no es el deber ser. Sólo dios y ella saben lo que pasaba por su cabeza y lo que la llevó a tener ese comportamiento, y así como ella, imagino que hay muchas
“Aida” en el mundo. Al final siempre se repetirán las mismas historias, sólo que con personajes diferentes.
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Daniel Camacho