Hay luchas que solo tú decides comprar, cuando puedes elegir revelarte a estas cosas que te hacen infeliz creyendo que te hacen feliz. Déjame que te explique:
A principios del siglo 20, el mundo entro en lo que se llamó la Revolución Industrial, a partir de esta Revolución Industrial, se empezaron a producir artículos masivamente y en grandes cantidades y por supuesto se necesitaba venderlos, y por supuesto necesitábamos no solo a alguien para comprarlos, sino a alguien que tenga deseo para comprarlos.
Para que tengan dinero para comprarlos le dimos trabajo a estas personas, a los obreros de las fábricas, pero nos faltaba darles el deseo de que los compren, y entonces la sociedad inventó la estructura del consumo, inventó un esquema que era: Si tú puedes comprar todo lo que deseas con el dinero que ganas, serás feliz. Y durante casi 50 años a la sociedad se lo creyó, creyó que en realidad sería feliz si consiguiera comprar todo lo que se pudiera comprar con dinero.
A partir del siglo 20 la sociedad empieza a darse cuenta que no es así, empieza a ver a mucha gente que puede comprar todo lo que quiera y que no es feliz de todas modos. Y entonces la apuesta de la sociedad se redobla, creando una especie de filosofía del consumo, y esta es; Tienes que TENER para poder HACER, ¿Por qué como harías si no tienes? Y tienes que HACER para poder SER alguien en la vida, porque nadie es si no hace. Y el razonamiento es perfecto, la trampa está hecha a la medida. Tienes que TENER para poder HACER y tienes que HACER para poder SER; ¿Tú quieres ser? Tienes que tener. Dedícate a tener porque si no tienes no haces y si no haces no eres.
La trampa es que este esquema esta tan bien pensado que la secuencia entre estas cosas es cierta, solo que el orden esta perversamente invertido. Lo que en realidad sucede es que tienes que SER para poder HACER, porque si no eres no haces nada. Lo que tienes es consecuencia de lo que haces y así debe ser. Debes ser para poder hacer y debes hacer para poder tener. Y entonces la importancia es lo que eres, no lo que tienes. El esquema que nos habían vendido es: lo importante es lo que tienes, no lo que eres
Cuando compramos esta situación de perversidad, caemos en la trampa de fortalecer lo que tenemos, para lo cual hay que acumular, para lo cual hay que poseer, para lo cual hay que ser ambicioso, para lo cual hay que competir, para lo cual tengo que tener un poco más que tú… y la trampa está hecha. Y como no hay felicidad en el tener, sigo buscando esa felicidad en lo que tengo para hacer, para llegar a ser y nunca llego.
Cuando en realidad deberíamos tener que empezar por donde hay que empezar: por el SER. La esencia del ser no necesita demasiadas cosas, y entonces puedes ser feliz con lo que eres, no con lo que tienes.
La mala noticia es que uno no se da cuenta de que esto es así, hasta que no llega a tener lo que quería tener. Lo malo es que uno llega a darse cuenta de que este no era el camino, una vez que lo recorrió.
“Los ricos sí tienen una ventaja al respecto de los pobres; ellos saben que con el dinero no alcanza”