Érase una vez un matrimonio muy anciano que vivían en Japón, su único pesar era que no tenían hijos. Una noche vieron brillar un bambú, como si fuera una lámpara, lo cortaron y dentro encontraron una pequeña niña.
Llenos de alegría la llevaron a casa, la criaron y la amaron como si fuese su hija y le pusieron por nombre Akemi (belleza de la madrugada).
Akemi creció y fue una joven normal, pero tan hermosa que todos los príncipes querían casarse con ella. Un día se presentó a pedirla por esposa el propio Emperador y Akemi lo rechazó, como había hecho con otros pretendientes. El emperador no entendía así que ella para no ofenderlo le explico su secreto, que era la princesa de las ninfas de la luna y muy pronto, la noche de luna llena iba a llegar y esa noche sus súbditos vendrían a buscarla para llevarla de nuevo a su reino.
El emperador no le creyó y la noche de luna llena envió a rodear la casa de Akemi por su ejército, pero esto fue inútil, ya que por un sendero de rayos lunares bajó un cortejo de mágicas criaturas, quedando los soldados paralizados ante lo que veían. Akemi subió al cielo, llevándose con ella a los dos viejecitos que tanto la amaban.
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La historia de Akemi (micro relato)