Otro día más estoy sentado frente al computador junto a mi rítmico acompañante, que por alguna razón estimula mi cerebro a la creatividad, se enciende la maquinaria que no parará hasta que la melodía cese, es como si me poseyera y controlara desde mis pensamientos hasta mis dedos presionando las teclas tan rápidamente que pareciera hacerlo aleatoriamente, pero en realidad son palabreas llenas de mucho sentido, ondas sonoras entran a mi cabeza y me hipnotizan, estoy en trance y creo tener el control, pero no soy quien crea ideas, quien escribe, quizá ni sea quien esté respirando ni pestañando, porque en estos momentos no soy yo, soy todo lo que la música quiere que sea, puedo ser un escritor de un drama pesimista apocalíptico y al día siguiente un poeta del amor.
Hoy soy un hipnotizado cuya hipnosis ha decidido darse a conocer por puro ego, pues ha decido tomar crédito de todo lo que el cuerpo que habita se ha acreditado inconsciente de su huésped.