Por cada cosa que supero,
el avance da como resultado
el aprendizaje, que no es otra cosa
que cambiar un aspecto de mí
que al principio da miedo
pero después es un dolor superado.
Me resisto porque es lo natural,
es como inercia,
seguir en la misma dirección,
pero el cambio se hace necesario
cuando la fórmula ya no da solución.
Duele, saberse equivocado duele,
tener conciencia de mi error hace daño
pero reconocerlo puede ser lo primero
de una serie de acontecimientos
que lleven a un siguiente nivel.
Dos fuerzas luchan en mí:
me resisto, es cómodo seguir siendo yo,
sufro, no sirve mi método y tengo que dejarlo;
intento, asimilo, experimento,
fallo, vuelvo a fallar, caigo pero logro.
El ego me fastidia con los “no puedo”
y a veces me los creo
otras me rebelo, lo ignoro,
lo destruyo compartiendo y por eso se resiste;
hace que su incomodidad parezca mía.
Al decir compartir me refiero
a que al mejorarme soy útil al mundo
mis dones pueden ser de provecho
para mí, para los otros.
Por mucho tiempo quise cambiar el mundo
pero lo veo muy complicado
mejor me cambio a mí
y así soy útil al de al lado.
D.