En una segunda incursión por calles aledañas al centro de la ciudad de Valladolid, encontré un curioso uso de estructuras colgantes que son a la vez jardines y que seguramente buscan proporcionar al viandante alguna protección frente al intenso sol veraniego que ya asoma su cabeza por estos días todavía de primavera.
Aunque en otras ciudades españolas he visto el uso de esos techos o toldos un tanto aleatoriamente colocados por calles muy transitadas, como por ejemplo Madrid o Sevilla, en estos casos eran sólo o blancos o de colores, mientras que en estos que he fotografiado encuentro el elemento original de esas flores o plantas que se pueden apreciar mientras caminas y que le confieren al espacio aéreo un toque novedoso y fresco.
En definitiva, que me parece una interesante solución para la estación que se aproxima, y que crea cuando caminas una curiosa mezcla de luz y de sombras, sin atenuar la claridad mucho, y haciendo que al caminar volvamos los ojos hacia arriba para admirar las plantas y flores contra el azul del cielo.