Su cuerpo era un juguete roto sobre el asfalto. Sus pies estaban entrelazados de un modo imposible, como ejecutando una danza siniestra. El joven rostro, aun con el casco puesto, tenía una inmovilidad perturbadora. Todos alrededor sentíamos el aire turbio de los momentos suspendidos. Seguí mi camino, pero desde la perspectiva que me había dejado la escena, la idea, el hecho de una larga vida era como algo tan evanescente como inasible. Ahí, justo a nuestro lado, la posibilidad de la muerte es siempre algo en lo que se combina el azar, o en ocasiones, el cálculo. Sobre mis pupilas permanecía detenida la imagen de esa chica. Y apenas unos pasos más adelante, cómo encajar tu sonrisa, tu vitalidad inconsciente, si en todas las contiguidades está la oscuridad latente, esperando para engullirnos. Su cuerpo era un juguete roto sobre el asfalto.