Cuando suena el comienzo de un verdial, un ruido antiguo inicia el rito y la fiesta. Los diferentes sonidos nos acercan a un mundo más puro y menos sofisticado que nuestra sociedad sonora actual. Un frenesí desbocado que nos hunde en raíces arábigo andalusíes con el tintineo dorado y viejo de los crótalos o platillos, con el grave aviso de los panderos esenciales, y con el grito roto del violín, ese elemento extraño e imprescindible para el verdial. Y el calor que produce su áspera música, se funde con el color de las cintas y los bordados, y el del revoloteo de camisas y corpiños, de gargantas y de ojos, con los adornos multicolores de algún sombrero espectacular...
Bailando Verdiales bajo la Alcazaba. Málaga
Los verdiales son una tradición festera de origen campesino. Se trata de cantar y bailar un peculiar fandango con el acompañamiento de ese violín, de varias guitarras, de un enorme pandero, de varios pares de crótalos o platillos, palillos o castañuelas y, depende del estilo, de una bandurria o laúd. En cada actuación el grupo llamado panda lo lidera con su vara de mando un particular alcalde. Con su vara designa a quien en cada copla debe cantar y da entrada y final a cada cante. El otro personaje es el abanderado, que va siempre al lado del alcalde y delante de la panda "bailando" una bandera de España o andaluza o malagueña. La Fiesta de Verdiales está firmemente arraigada en toda Málaga, pero sobre todo en la comarca de los Montes. En 2014 el Ayuntamiento de Málaga aprobó solicitar a la UNESCO que los Verdiales sean declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Toque de platillos. Verdiales
Dependiendo de cada comarca, de cada partido de Verdiales donde uno u otro estilo se manifiesten, podemos observar los cambios de ritmo y coreografía que hay entre ellos. El uso del abanderado y su movilidad, la variación en el colorido de los trajes, la cantidad de personas y voces que forman parte de cada uno de los estilos marcan las diferencias.
Abanderados verdialeros
El Día Grande de los Verdiales encierra fundamentalmente el sentido de la celebración, el espíritu de la fiesta, como ocurre siempre en el Sur. La conservación de la alegría se esconde detrás de unos sones tan viejos como ésta. Ésa es la gran catarsis. Antropólogos y festeros. Aficionados y visitantes alucinados. Despistados e incondicionales. Concienciados con las tradiciones y juerguistas profesionales. Matrimonios y solteros, familiares y simpatizantes de las Pandas que participan, jóvenes y mayores reunidos alrededor de unos sones por los que trabajan o que les han venido heredados y con los que se reconocen al menos una vez al año, en el encuentro de una manifestación repetida que les identifica.
Mosaico en la Plaza de los verdiales. Comares (Málaga)
Al final, como en todo Concurso, queda el orgullo de los premiados y los que habrán de conformarse con la esperanza de conseguirlo el año que viene. El recuerdo del invierno, con la fresca llegada de la tarde, invita al penúltimo trago de vino. Atrás queda algún amigo nuevo, el reencuentro con alguno viejo y la misión cumplida otro año, el único origen real por el que nacieron las antiguas notas del verdial, y las de muchas de las páginas de la Cultura y el folclore de Andalucía. La cita del Día Grande de los Verdiales será, un año más, este 28 de diciembre en Málaga. Se trata, al fin y al cabo, de tener un motivo más para la diversión y el encuentro. Otra arma de paz para defender la Alegría...
(c) Domi del Postigo
Lazos de colores y alegría verdialera
(Fiesta Mayor de Verdiales. Málaga. YOUTUBE. Subido por Miguel Pinto el 17 de septiembre de 2015)