fuente
Me ofreció sus hojas secas,
sus raíces negras,
su llanto oscuro.
Me invitó una copa en una mesa añeja,
con un par de velas fundidas en melancolía.
Un trozo de pan tan pequeño como sus esperanzas,
los platos de la abuela como pretexto de una vida buena.
Me contó historias en medio de la tormenta,
mas no dejo que ni una gota tocara mi inocente alma.
Caminamos por el lado agrio
de las verdades disfrazadas en su arco iris,
aquellas lagrimas ocultas
que segundo a minuto vende al llegar el alba.
Toqué la llaga que lo hace barro,
la herida que lo hace humano,
el rencor que lo muestra libre,
la rabia que calienta su linaje,
el amor al filo de la catarsis.
Se mostró demonio con el sol,
desnudo cada rincón de su tierra,
no imploró coser heridas,
olvidar pantanos pérfidos,
ni crear mentiras para un beso.
Me pidió amarlo en veneno y en antídoto,
más llegue amarlo en toda su constelación.