Apelando al buen humor que caracteriza al venezolano, mostramos esta galería de imágenes que evidencian la creatividad de las personas que con alguna motivación han buscado una manera poco ortodoxa, pero muy ingeniosa, de trasladarse de un lugar a otro.
Los venezolanos, que antes contábamos con medios de transporte tan modernos como el Metro de Caracas, hoy nos encontramos encaramados en camiones destartalados, que sin ofrecer ninguna medida de seguridad, cumplen la función de trasladar a los trabajadores, a los estudiantes y al público en general hasta sus respectivos destinos. Y si no tenemos la suerte de encaramarnos en tales camiones, entonces nos toca, echarle” pata” a varios kilómetros que se chupan la escasa grasa corporal de los improvisados maratonistas.
Los venezolanos, gracias a la precariedad del transporte, estamos participando en una carrera de resistencia, y en espectáculos que podrían verse en los mejores circos del mundo. Ya hemos perdido el miedo, Nos colgamos de una baranda usando solo el dedo meñique con tal de estar dentro cuando el improvisado colector grite al chofer: “Arranca”.
Escuché el relato de una joven señora en el que ella decía que en varias ocasiones para montarse en el camión tenía que ser empujada desde su nalgas por los otros pasajeros. Ya las damas no usan carteras porque en el “bululú” se las abren o, sencillamente, se las quitan. Nada de teléfonos, nada de lentes y nada de nada. Como no tenemos dinero en efectivo, y si lo tenemos no sirve de mucho, el hampa, que también viaja en camión, aprovecha la desesperación de los ciudadanos y pasa “raqueta” llevándose hasta los lentes adaptados y los “perolitos” analógicos.
Y que puedo decirles de la salubridad. En esos camiones se mezclan toda clase de olores y sudores. Aquel que todavía sube con un perfumito encima sale con un pegajoso olor a “tigrito”. Recordemos que en Venezuela es difícil y costoso el acceso a los productos relacionados con la higiene personal.
Más allá de todo lo que les he comentado, está la fortaleza de una ciudadanía que mantiene el sentido del humor como elemento fundante de su resistencia.
Me voy porque se acerca la hora en la que pasa el camión.