Mi respiración se tranquilizaba, el frío artificial se hacía menos intenso con las sábanas y cobijas acolchadas, y la voz de las enfermeras charlando hacía de canto de cuna mientras mis ojos entreabiertos miraban sin destino y se desplomaban lentamente. Pude sentir como respiraba con un leve ronquido y casi diciéndome a mí mismo que dormía como un bebé.
Apenas pude parpadear 1 hora y un fuerte dolor invadió mi muñeca, así como si un cuchillo se hubiese atorado en mi mano mientras lo apretara con fuerza. Grité y halé de mi brazo, pero al intentar tomar de mi muñeca estaba vendada e impregnada de sangre. Había olvidado la cirugía entre tanto sueño. Luego vi mis dedos que sobresalían de esas vendas y se movían aún, los logré tocar y sentía aún, intenté verlos más de cerca cuando otra carga de dolor intempestivamente me paralizó la mano, así que antes de gritar nuevamente miré a la enfermera quien de inmediato entendió mi gesto para colocarme un calmante.
Cuando el médico me realizó la primera cura de la herida en la habitación, pude ver como una herida suturada atravesaba donde antes tenía una fractura. Ya no tenía esa espantosa deformidad e intenté contarme los puntos anudados, pero no pude mirar bien por tanto dolor y los rápidos movimientos de la limpieza.
Esa tarde imprimieron una radiografía donde vi una platina de metal se adhería a mi hueso, tenía tornillos que atravesaban de lado a lado y mantenían como una soldadura aquella vieja fractura. Me sentí por un momento el hombre biónico, algo al estilo de Ironman, hasta que un movimiento fuerte me genero un dolor tan fuerte que dudé completamente de mis superpoderes.
Fue ese momento donde me levanté de su cómoda silla, recogí mi bata y tras aquel relato increíble le pregunté satisfecho: ¿Alguna vez te gustaría contarle esta historia al mundo? Sonrió y me preguntó al mismo tiempo que me respondía con su cara girando hacia arriba… ¿Steemit?