Probablemente habrás escuchado muchos cuentos de terror, mitos y leyendas de distintos lugares de Venezuela o en cualquier parte del mundo que te encuentres, la naturaleza humana de querer ofrecer algún contexto por increíble que sea, a situaciones que no podemos interpretar es el denominador común de estas historias. Hoy, les cuento una de tantas que se cuentan en el Hospital:
Luego de una laboriosa decisión, Valeria salió de su cirugía de extracción de adenoides satisfactoriamente. Podía sentir un peso menos, aunque ciertamente había una sensación muy dolorosa al hablar. La noche antes de la cirugía cayó agotada, pero ese día luego de la intervención difícilmente los analgésicos la ayudaban a conciliar el sueño.
Aproximadamente a las 2:32 de la mañana luego de escuchar abrirse la puerta de la habitación, Valeria se sienta en su cama y gira su cabeza hacia donde apenas podía ver la luz del pasillo extenderse lentamente sobre la pared de su habitación. Una enfermera en silencio entra y la chica muy aliviada ya pensó mientras le administraban el tratamiento, lo feliz que la hacía el saber que iba a mejorar su dolor en la garganta.
Al verla con un poco más de detalle y difícilmente sobre la escasa luz que la arropaba, pudo darse cuenta que su uniforme era diferente. Indiscutiblemente se trataba de una enfermera, pero con una cofia o gorro antiguo, un delantal y una falda muy larga y blanca impecable. Podía apenas ver su peinado cuando escucho de su cara decir: - Eso es todo por hoy, vuelvo a las 12:32.
Inmediatamente a lo que se fue la enfermera Valeria reaccionó y al recordar que eran casi las 3 am le pareció sumamente extraño que dijese que volviera a una hora tan lejana y a parte a una muy específica. Por lo que se levantó y cuando vio que no había nada en el suero de tratamiento corrió hacia el pasillo central a buscarla, pero al salir pudo notar que al fondo no había luz y se paseaba una silueta clara de espaldas. Intento gritarle, pero su garganta recién operada no se lo permitía. En lo que tomaba aire para hacerlo de nuevo la figura esbelta de la enfermera se volteó con un brillo en sus ojos tan aterrador que inmediatamente la chica en pijamas apenas pudo contener la respiración cuando incomoda y desagradablemente no podía sentir rastros de su lengua en la boca. Sus latidos se escuchaban a punto de reventar las paredes estrechas del pasillo y las luces se apagaban hasta llegar a la puerta de su habitación, y cuando la inevitable oscuridad la envolvió una risa en su cuello le pregunto: “Dígame mi Señora… ¿Qué desea?”
La luz volvió y el sol resplandecía fuertemente. Toda la familia de Valeria se encontraba alrededor hablando cuando se acerca su madre y le dice que anoche tuvo pesadillas, pero pudo dormir toda la mañana como un bebé. Una enfermera de aspecto jovial y moderno, con un peinado parecido le administraba muy alegremente la dosis de tratamiento, y cuando vuelve su mirada al reloj pudo ver 12:32pm. Paralizada por tan increíble coincidencia, y con sus ojos volcados en su cara la enfermera solo le pudo devolver un gesto de sonrisa para finalmente cerrar la puerta mientras todos reían y hablaban como si nada.
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