Era maestra y roja, y unas "amistades" la hicieron
entrar en la cárcel de mujeres como "puta".
Alli un dia, limpiando los restos de sangre y
vino de una missa armata cantata conoció a Emilio.
Cura, falangista y general de Franco lo tuvo difícil para
explicar su tórrido amor y tuvieron que huir juntos a
Casablanca donde se convirtieron al budismo.
Con tan mala suerte que a los pocos días murieron
y se reencarnaron una, en delfín y el otro, en ardilla.