A veces, somos gatos
perdemos 1 de siete vidas
intentando reparar algo
que nació ya roto.
en el juego de la vida.
Otra nos la robó nuestro primer
amor en algún momento.
nuestra inocencia en el momento
de ser adultos.
Aquí en este punto la dividimos para
comprar boletos de lotería en el sorteo
de las felicidades en el mundo.
al haber entregado el último boleto en
una cama, que nueve meses después se
volvió sala de parto y ya no eran 2 sino 3
y la suma total era un nueve.
La última siempre se la sabremos entregar de alguna manera a la muerte, con elegancia, amor y viejos rencores o recuerdos, pero la guardamos siempre para ese preciso momento donde todos pagamos el precio de haber vivido, incluso si lo hicimos como gatos.