Un triste día, huérfano de padre me ví,
y así crecí, privado de sus sabios consejos
y de sus tiernos abrazos, ¡ y cómo sufrí ¡
al saberlo amado, pero ya de mí muy lejos.
Con excelente esposa, de Dios me ví bendito
mas todo el solaz y regocijo que ella daba,
de tan grande pérdida a colmarme no alcanzaba.
Un padre siempre lo es todo a cualquier huerfanito
Sufriendo y gozando, tres hijos fueron llegando
tres lindas caritas, tan distintas, tan iguales,
tres caritas que siempre me lo estás recordando
Que atención y cariño siempre están demandando
Hoy me han hecho comprender, que de todos mis males
Quizá Dios a su modo me lo está compensando.
G. Edgar Moya R. 8 Noviembre 2000
Pero a fin de cuentas no fueron tres sino cinco