No era un fin de semana como ya teníamos la costumbre, era tan sólo un día cualquiera, un miércoles, casual.
A mi papá se le ocurrió la idea de hacer parrilla en la casa para reunir una vez más a la familia, así que en el transcurso del día anterior fuimos llamando y avisándoles con antelación a mis hermanas para que pudieran asistir a la parrillada.
Mi mamá aliñó la carne y demás, mientras que mi papá y yo colocábamos los carbones en una parrillera improvisada y los hacíamos prender en fuego; para avivar el fuego utilizamos un secador de cabello, nos hizo el trabajo más fácil.
En cuanto colocamos las primeras carnes a cocinarse, una de mis hermanas llegó a la casa junto a mi cuñado. Él fue quien se hizo cargo de la comida ya que le gusta mucho cocinar. Mi hermana preparó una rica guasacaca y poco de guacamole para darle un mejor toque a la comida.
Justo antes de comenzar a servir, llegaron los que faltaban en la mesa, mi hermana mayor y mis dos pequeños sobrinos.
Acompañados de unas cuantas cervezas y un poco de sangría, procedimos a comer todos en al mismo tiempo pese a que en el comedor no había el suficiente espacio.
Luego de ello llegó la hora del postre y teníamos preparados una sorpresa para los más pequeños, se trató de unos caracoles dulces de chocolate y canela, también compartimos un poco de quesillo que hizo mi cuñado.
Al final de la noche todos se fueron a sus hogares pero felices de haber compartido juntos una vez más. Hacía poco más de un año que no hacíamos parrilla en la casa y afortunadamente nos salió de maravilla.