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Vivir al margen de nuestras necesidades y de nuestras prioridades tiene una multi causalidad. De acuerdo al psicólogo social venezolano Manuel Barroso, factores como el desarraigo y la cultura del maltrato, influyen en la baja autoestima y a su vez en vivir al margen de la realidad.
La cultura del maltrato es herencia de la conquista y colonización de América, su reproducción de generación en generación le ha hecho mucho daño a la familia y la sociedad. De igual manera, ha hecho muchísimo daño el machismo como un elemento inseparable y absolutamente tóxico.
El machismo justifica la irresponsabilidad del hombre contribuyendo en el abandono y en la destriangulización familiar. El 80% de los niños y adolescentes crecieron y siguen creciendo en hogares con triángulos rotos, sin el vínculo papá - mamá - hijo, con carencias afectivas, en medio del abandono y en la mayoría de los casos víctimas de la cultura del maltrato, sin duda influenciados por el machismo directo e indirecto.
La desvalorización como prioridad en desvalorizar a otros y a nosotros mismos por carecer de identidad, de arraigo, de la autoestima necesaria para valorar lo que somos y lo que merecemos, nos ubica en vivir al margen de nuestras necesidades y prioridades.
Se puede vivir aparentando lo que no somos, desvalorizando con un "rancho en la cabeza", expresión venezolana para identificar una vivienda pobre.
Ahora bien, hay quienes siendo maltratados, abandonados y desvalorizados, salieron adelante convirtiéndose en hombres y mujeres de éxito, en seres autorealizados, lo cual demuestra que si se puede salir adelante en medio de un entorno marginal.
La educación juega un papel fundamental en romper la cadena de la marginalidad mental, es capaz de influir y transformar una mentalidad pobre en una mentalidad con riqueza espiritual.
Como dice filósofo Antonio Pérez Esclarin, "ningún método, ninguna técnica, ningún currículo por abultado que sea, puede reemplazar al afecto en educación. Amor se escribe con A de ayuda, apoyo, ánimo, aliento, asombro, acompañamiento, amistad. La amistad significa no sólo un antídoto contra la soledad, sino también un refuerzo recíproco en situaciones difíciles y también un estímulo para avanzar. El educador es un amigo que ayuda a cada alumno, especialmente a los más carentes y necesitados, a superarse, a crecer, a ser mejores".
Barroso pone de ejemplo a Simón Bolívar, un niño huérfano de padre y madres, que no tuvo una infancia feliz, ni una educación sistematizada, pero encontró en su maestro predilecto las herramientas para convertirse en un hombre de convicciones, en el heroe de la libertad de seis (6) naciones, en un estadista visionario comprometido con su proyecto. Un hombre que tuvo el coraje y el temple de afrontar las adversidades, capaz de levantarse con más fuerza después de una derrota.
Nuestra hispanoamérica necesita de un ejército de educadores, de psicólogos y de trabajadores sociales comprometidos con su vocación de servicio. Profesionales con mística de trabajo para descubrir potencialidades, gente con pasión y convicciones.
Asimismo, necesitamos sólidas instituciones para la defensa de los derechos de las mujeres, los niños, niñas y adolescentes, los pueblos indígenas y los ancianos.
Sigo insistiendo que en la necesidad de alimentar el autoestima, proveer alas a la confianza que nos e impulse a ser mejores, sanando las heridas y superando los complejos de inferioridad o incapacidad. Mucho lograremos si se evita herir, comparar y discriminar.
Finalmente, urge impedir el desánimo y la contaminación de esa cultura del pesimismo y la resignación que pudiera convertirse en nuestro peor enemigo.