
Foto: Pixabay
Engañarse a uno mismo supone vivir al margen de una realidad. Los seres humanos debemos tener la capacidad de tener los pies sobre la tierra.
Vivir en el autoengaño es aceptar como verdad una realidad que es falsa sin ser consciente de ello.
Hay que visualizar el terreno que pisamos, más que saber dónde estamos parados es reconocer nuestras limitaciones. Nuestras emociones nos pueden llevar a situaciones de autoengaño y de engaño, a colocarnos nosotros mismos una venda en los ojos.
Es necesario asumir la realidad tal y como es.
Muchas veces no nos sinceramos con nosotros mismos por miedo a dar ese paso y terminamos complaciendo a terceros. No menos cierto, es que hay situaciones complicadas y hasta dolorosas para tomar una decisión.
Es importante hacer un balance, autoexaminarnos, reflexionar, identificar dónde estamos y dónde nos gustaría estar, buscando respuestas por qué estamos en determinada situación.
Es un ejercicio que trastoca el miedo, el ego, las aspiraciones, los deseos, la autoestima, los valores, los anhelos, el entorno y nuestro círculo social entre otros aspectos.
La búsqueda de la sinceridad nos conecta con la voz de nuestra conciencia con lo que decimos y hacemos.
Es necesario asumir con valentía el enfrentar los miedos, para aprender de éstos y a partir de ahí, seguir creciendo personalmente. Asumirlo, es decirnos a nosotros mismos que no tenemos nada que perder.
Enfrentar temores es un paso para mejorar, porque muchas veces tras ellos se esconden todos los éxitos.
En nuestras manos está la decisión de cambiar y de ser libre de nuestras propias mentiras. No hay necesidad de tropezarnos infinidades de veces con la misma piedra, necesario es identificar la raíz de nuestros temores.
Recuerda que ser honesto consigo mismo, es un acto de amor, es regalarnos amor propio para conquistar metas, superar dificultades, afrontar miedos y decidir lo mejor para nosotros siempre confiando en nosotros mismos.