Tener a una princesa siempre fue el gran anhelo que tuvimos desde novios mi esposo y yo, hace casi siete años.
Sin concebirla ya tenía nombre: Elisabeth.
Sin concebirla, ya la teníamos presente en las conversaciones.
Sin concebirla, veíamos artículos de bebés y era inevitable no pensar en ella. Aunque para mi esposo era pavoso, yo hasta llegue a comprar algunas cosas para ella.
Cuando decidimos por fin buscarla... no llegaba. El tiempo era de Dios!
Sin imaginar que esa quizás podía ser la causa de la espera, mi esposo empezó a sufrir dolor por una hernia inguinal.. tras la revisión médica resultó que existía otra: umbilical. Eran dos.
Sin mucha espera, un amigo médico logró operarlo a los días, el 10 de diciembre de 2016. Tras un mes y unos días de
reposo, retomamos nuestra intimidad. Jamás imaginamos que en esos días nuestro sueño se haría realidad.