Porque puedo nacer y morír, siendo el éxito o la limosna de un mendigo. Y puedo ser rey y después esclavo de victorias y derrotas; ser un verbo, aunque caerse y levantarse parezca lo mismo. Retraerse por un querer, no es raro.
Porque nunca he sufrido más allá de lo ofrecido por mi orgullo.
Porque puedo no ser quien esperas en ese café que no has visitado. Porque es díficil olvidarte en el intento de amarte en tres noches y no conocer tu gloria.
Porque es tan imposible querer y antojarme al pulso separado de vida, por dejar la rudeza de mis ganas. Será inútil empezar en el puerto que dejé ¿Cuál es la resulta de volver a comenzar el capítulo anclado en la turbulencia?
Porque me cansé del ruego burlado que no convence para despertar pasiones, pasiones que doblan campanas al abandonarme el cielo.
Porque no he debido amarte, como para perder energías con un nombre. Porque la deuda he pagado, y no he recibido vuelto de algún anticipo.
Porque soy aquel inconforme con tres rostros a la vez, compartiendo conmigo un mismo lecho. Porque no he querido pedir perdón y sepultar todo este amor que bastante me embriaga.
Porque no soporto cumplir las reglas de la sociedad, y no he prestado atención a lo que dicen los demás. Porque tomo varios cuerpos y los confundo con el tuyo y es por eso que no me acostumbro a explicarte como te quiero.
Porque he mentido y puede que nada de esto sea cierto.
Porque no he podido buscar otra dama, que supere las trabas que tú me impusiste. Porque me marcaste un par de momentos, que se pasaron a mis recuerdos para que estés cercana y nunca perderte.