Mis manos recorriendo las curvas de tu falda. Esto me tenía ansioso mientras trataba de dormir, sin lograr mi objetivo. Ahora y aquí, bebiéndome tu aliento en esta ruta. Esto comienza al besarte con mi piel y conmoverte con mis deseos. Tus manos arrancándome el pecho y de mil arañazos, tallándome las palpitaciones que se retrasan en contra del ritmo cardíaco.
Y habíamos jurado, para nuestro entendimiento que no volvería a suceder, que esto era una locura y que no podía pasar, no obstante, se prenden los fuegos en medio de la hierba seca y la gasolina se expande hasta derretir nuestras caricias y pervertir nuestras opiniones. Tus piernas en mi boca son el manjar celestial que se enrojece, cuando a mordidas te llevo al mismísimo paraíso. Y tú caes temblorosa y temblorosa, y aún así te agito lentamente, para dominarte más de lo que tú quieras.
Tu lengua sobre mí, tomando de mis labios el néctar que tanto te gusta y no te deja razonar en cinco sentidos. Tu ombligo y mi ombligo; volando alto hacia la felicidad, hacia el hada de los cuentos; hacia el nunca despertar, si es que estamos dormidos, para seguir haciendo una galería privada de nuestras pieles con tanta obra de arte al querernos.
Hace frío y el amor sudoroso; hizo erupción en cada átomo de nuestro espíritu, para brillar tanto y tanto, que nisiquiera la luz solar llegue a igualarnos, y que esto nunca será suficiente, porque al encontrarnos tantas veces, no hemos encontrado la perfección de una primera vez.
Es momento del primer tiempo y no vamos ni en la mitad, mitad es para los débiles, para los normales. Esto es sobrenatural y extraordinario, cuando olvidamos por un momento las ataduras, amarguras, decepciones y engaños.
Seguimos reinventando el concepto de amor: nuestro amor, hasta que lo disponga Dios y hasta despojarnos, cada vez que suceda de nuestros propios infiernos.
Siento como te estremeces y llegas a cada momento, al sitio que tengo reservado para reconocerte como mi diosa particular y vibrar toda tu anatomía, como vibran los mares de maremotos y terremotos, que se despiertan a granel con mi sello húmedo y mis travesuras.
Separador de mi autoría: