
Miles de precipitaciones en el techo, desprotegen los gemidos cuando vienes y llegas, y por instinto se puede renacer en tus piernas. En ese momento caen cometas de cerillos revueltos de besos, que van marcando tu sello y ansia viva, de retornar nuevamente a este encuentro.
Las cabañuelas en enero, se repiten doce veces al año. De tu amor inundado estoy, y me sigo hundiendo en tus profundidades, en submarinos armados de deseos y de besos. Haz lo que quieras, evapórame el ser, sublima los resentimientos. La presión es incomparable y surfista en las olas me finjo, al verte.
Hay algo que no he contado, de cuando se hacen negras las emociones; cuando parten mis acciones y al querer ayudar; meto la pata y no es así como lo pintan.
Quiero ayudar a tantas personas, en agua limpias tal como tú aclarando mis pensamientos.
Cristalina en tus gestos, me purifica en la calma. Nueva vida nace en tu vientre y nueva vida, limpiándome el aura. Sales de males se disuelven, se desbaratan en los puntos de tu ceros.
Por ello el agua merece, por siempre, en tu clímax ser más pura.