LA DANZA ES PARTE DE MI VIDA
LA DANZA ES PARTE DE MI VIDA
El tesoro que es para mi la danza, la que considero mi manera particular de transmitir que la vida es una experiencia maravillosa, que es un regalo el poder vivir y que realmente es nuestra obligación y nuestro privilegio vivir con plenitud, desarrollar nuestras capacidades y nuestros dones así como la generosidad para compartirlos.
Bailo desde que tengo 8 años, soy bailarina; la danza ha sido en mi camino hacia la libertad y la plenitud y tengo que decir que los momentos más sublimes de mi vida han estado siempre relacionados con la danza. La danza también me ha traído un conocimiento de mi misma que a medida que se hace más profundo.
Ahora siento que para mi dar este conocimiento a todos mis alumnos y enseñar es lo mas satisfactorio que he podido experimentar.
Mi viaje con la danza empezó con estudios con profesores sumamente impresionantes. Aprendí a hacer cosas increíbles con mi cuerpo, cuanto más crecían mis habilidades más lejos me sentía yo de mi corazón.
Hubo un tiempo en el que disfruté mucho con todo esto, además estaba el escenario, los aplausos del público… en fin, un mundo precioso sin duda.
Tenemos la errónea creencia que la danza es para profesionales que presentan un gran dominio de una técnica determinada y aparentemente una facilidad para determinado movimiento o estilo, para así poder dar rienda suelta a nuestro propio movimiento y a nuestro cuerpo, a menudo olvidado y desoído, al que con frecuencia nos cuesta reconocer y entender.
Pero la danza es mucho más que esto. Para el ser humano la danza ha sido durante mucho tiempo y desde los inicios de su andadura por este planeta un vehículo de comunicación , de conectar con nuestro mundo interno, y como no con su parte divina, con nuestro poder personal.
Para nosotros hoy día vivimos desconectados de nuestro cuerpo, le hemos entregado el poder a la mente inferior y nos encontramos a su merced, presos de nuestros egos y emociones. Todos y cada uno de los seres de este planeta que tenemos el don de movernos debemos usarlo.
El cuerpo, es un don preciado, nuestro vehículo en este mundo y el receptáculo de nuestro Ser. Esto es lo que nos cautiva de la danza, el danzante está en comunión con Dios, con la Fuente, con el Ser o como quiera cada uno denominar a la parte más auténtica de cada persona, la parte que es más real.
Cuando uno conecta con su cuerpo y con la música o cualquier sonido que nos mueva, se produce una experiencia de gozo, de alegría, de libertad… bueno, aquí voy a matizar un poco. La danza como yo la practico no es una terapia aunque sin duda es terapéutica.
Los motivos por los que una emoción se enquista son muy diversos y no es mi intención ahora analizarlos pero su liberación a través de la danza es sin duda un momento sagrado y bello. Ese momento en el que nos encontramos con nuestros fantasmas es una gran experiencia y la oportunidad para sanarnos. Con cada encuentro que dancemos, cada batalla que libremos hará que nuestra danza sea más y más genuina.
El trabajo con la danza tal y como yo lo entiendo pasa por la expresión y aceptación de todo nuestro ser; lo positivo y lo negativo. Somos humanos y como tal tenemos emociones diversas, todas son útiles: la rabia está ahí para protegernos de un ataque, el miedo está ahí para que nos guardemos de lo que nos amenaza. La tristeza nos ayuda a darnos cuenta de nuestras carencias para así poder subsanarlas o aceptarlas.
A veces ocurre que estas reacciones emocionales se tonifican y entonces estaremos reaccionando de modo automático, sin conciencia, siguiendo un patrón que hace tiempo que no necesitamos. Esto se traduce en una pérdida de libertad y creatividad, además de una pérdida enorme de energía.
La danza es la mejor manera que yo conozco de liberar toda esta carga emocional y en la medida que nos vayamos librando de ella iremos descubriendo el gozo de bailar… de vivir, nos sorprenderemos a nosotros mismos maquillándonos de lo que somos y cada día seremos más capaces de danzar nuestras vidas con creatividad, valor y alegría. Pero el camino se hace al danzar y así empezando es como mejor uno experimenta y llega a comprender.
Todo aquel que sienta el deseo de bailar debería hacerlo. No nos privemos de disfrutar uno de los dones que tenemos como seres humanos que es el de servir de conectores entre el Cielo y la Tierra. Créeme es un bello Don.