Buscando el adverbio perfecto me perdí en el diccionario. Entre dos páginas y un diptongo me elidí y seguí buscando. Llegué a la H con su mutismo y salté a la J por donde resbalé a la G. Entre multitud de sílabas me camuflajeé de punto para pasar desapercibido, hasta que accidentalmente partí una oración en dos pedazos incongruentes. Me descubrieron. Salí corriendo empujando a las sílabas, pidiendo permiso a veces, y otras llanamente saltando entre ellas. Iban a lincharme acusándome de hereje, de tener mala ortografía, de ser un prófugo punto de una i abandonada y hasta de ser un diéresis a medias. Las mayúsculas me atraparon entre su énfasis y me llevaron al centro de la página para decidir lo que harían conmigo. La turba enardecida exclamaba distintos fonemas a la vez, con lo que nunca se pusieron de acuerdo. Intenté explicarles que lo que yo buscaba por esos lares era simplemente un adverbio perfecto. Entonces me comprendieron y me liberaron de los paréntesis en donde me tenían encerrado.
Continué mi periplo con el aval de ellos. En mi desesperación, tras días de búsqueda comencé a sospechar que iba en círculos. Horadé la página con mis propias manos y pasé a la siguiente. Nada que lo encontraba, seguí, y los agujeros que dejaba ya estaban molestando a los habitantes del diccionario. Comenzó otra persecución, y esta vez no iba a poder safarme fácilmente. De pasta a pasta y de regreso seguí en mi fuga y en mi búsqueda simultánea. A lo lejos avisté a la "Ignición". Con muchas sílabas, palabras y signos a mis espaldas la invoqué prendiendo fuego a la página; fuego que se propagó fácilmente al resto del diccionario. Me balanceé con el separador de tela roja, tarzán simbólico, y logré salir de allí, de vuelta a mi silla. El diccionario en llamas daba un tono festivo y pirómano a la biblioteca, como la quema del diablo a las 6 PM del 7 de Diciembre. Pero a la bibliotecaria no le pareció bien. Me pidieron mi carnet de la biblioteca y lo cortaron con unas tijeras frente a mí. El guardia me acompaño a la salida. No pude volver jamás. Aún sigo buscando el adverbio, pero sin adentrarme demasiado en las páginas para no meterme en líos. Quizás no sea probablemente tampoco muy poco aquí o casi nada.