Detrás de todo Maestre se encuentra un discípulo fiel, ayudante y garante de dar continuidad a su legado.
Los hombres brutos y enfurecidos entraron violentamente al cuarto donde se encontraba Elly. La tomaron de sorpresa, aunque en el fondo sabía que vendrían por ella; pero estaba clara que dejando al destino tomar su curso natural, le daría fortaleza y perpetuidad a su legado.
No opuso resistencia, ni intentó proferir algún conjuro o maleficio que le permitiera librarse de las feroces ansias de venganza que fluía en la sangre de los habitantes del pueblo de Blair. Solo levantó la cabeza y miró fijamente en mi dirección, con esa mirada firme y autoritaria de quién espera que su orden se cumpla al pie de la letra.
Nadie sabía de mí, ni percibían mi presencia, pues como buen teriántropo me había camuflado en forma de gato negro, y al primer golpe de la puerta, había saltado sobre la lámpara que pendía del techo; y posteriormente seguí sigilosamente los hechos que se sucedieron.
Elly fue arrastrada hasta la sala de su casa donde se había constituido un tribunal ad-hoc, donde sin derecho a la defensa, fue sentenciada a muerte por hechicería, basándose solo en las declaraciones de unos niños que alegaban que, bajo engaño, esa señora los había llevado a esa cabaña para extraerles sangre.
La sentencia estaba dictada, pero ahora deliberaban sobre la forma en que debía morir. Unos decían que debían dejarla amarrada en el bosque para que muriese lentamente con el frío extremo, mientras otros opinaban que debía ser ahorcada o quemada viva. Evaluaron rápidamente las opciones, buscando la más terrorífica que sirviese de escarmiento y para amedrentar a posibles seguidores.
La amarraron a la carreta de cargar la leña y la condujeron al bosque de Black Hills, donde la ataron a un árbol, y ahí fue brutalmente golpeada mientras construían una hoguera para quemarla viva, y así destruir hasta el alma de quien consideraban la consorte del diablo.
Untaron sus heridas abiertas con sal y aceite antes de atarla al poste en el centro de la hoguera, y aunque su dolor era inmenso no profirió ningún quejido. Una extraña paz inundaba su espíritu; sin embargo, con clara voz profirió maldiciones para cada uno de sus captores y ejecutores.
Cuando el fuego se encendió y comenzaron a chamuscarse sus carnes, volvió a levantar su cabeza hacia mí, que impotentemente observaba desde un árbol junto a la hoguera. Me miró profundamente y sus ojos ardían, no tanto por el fuego sino por la pasión con que había vivido y sus ansias por perpetuar su nombre y su legado.
Su voz en mi cabeza me decía:
"Ahora quedas tú a cargo. Deberás encontrar el Necronomicón y proferir el conjuro que me devolverá a la vida, y entonces el pueblo de Blair sabrá quién fue, quién es y quién será Elly Kedward."
Respira profundo y exhala. Contaré de forma regresiva desde tres, y entonces regresarás lentamente, olvidando todo aquello que pueda hacerte daño y perturbar tu vida presente, al tiempo que encontrarás en tu pasado aquellos elementos que puedan ayudarte a resolver tus inquietudes y problemas mentales.
Tres, dos, uno… Despierta.
Eick chasqueó sus dedos y Hellen despertó. Sus ojos se abrieron lentamente, mientas su cuerpo lo hacía aún más lento. Estaba en el diván del consultorio de su terapeuta y psicólogo.
Él le preguntó si recordaba algo, y ella le contestó que se había quedado dormida y que su mente estaba en blanco; que la disculpara. Había sido una larga jornada de terapia regresiva, estaba sumamente cansada, y ya había caído la noche.
Hellen se retiró hacia su casa, mientras repetía en su mente:
"Encuentra el libro perdido y profiere el conjuro que devolverá a la vida a la Maeste Elly Kedward".
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