¿Cuántas veces nos ha pasado que con una pequeña sonrisa se nos transforma el día? Ya sea de alguien muy cercano y querido, o tal vez de algún particular desconocido.
¿Cuántas veces la palmada de alguien dirigida hacia nosotros, sin importar quién, nos hace cambiar de actitud? Siempre es una oportunidad de tomar aire y seguir adelante.
¿Cuántas veces hemos querido tener a alguien muy cerca para que con tan solo un abrazo nos recuerde lo importante que somos? Y tan solo basta eso, una silencioso pero sincero abrazo.
Es así, estas muestras de cariño son el mejor de los remedios ante las adversidades y los malestares. Es un reflejo de lo que somos, así sea muy en el fondo de nuestros corazones. Como seres humanos que somos, tenemos momentos de felicidad, pero hay otros que no son tan alegres, y cuan necesario se hace la presencia de una tierna caricia.
Ahora, te invito a pensar cuantas veces tú has sido capaz de transmitir esa emoción, un decir a otra persona que esté tranquilo que lo malo pasará y solo será un recuerdo. Me pregunto, ¿si día a día nos tomáramos un momento para compartir una franca palabra y un cálido abrazo cuán distinto sería el mundo?