Y es que de poder volver,
volvería a tu pecho,
a tu cuarto
y al espacio donde
guardamos los recuerdos.
Te besaría con dolor y te haría el amor
sabiendo que es la última vez.
Los días llegan con la misma presentación, despertar, mirar el techo, levantarme, comer y odiar el trasporte que no llega. Se ha vuelto una mecánica tan predecible como mi cara al fingir que todo va bien frente a nuestras amistades. Por un tiempo intente evitar su nombre, los lugares que frecuentábamos, incluso el tipo de café que tomábamos, y todo para qué. Mientras más me empeñaba en olvidarlo, su recuerdo parecía no querer irse.
Yo y mi absurda necesidad de tenerlo, de tenernos, de hacerlo mío y llenar los espacios con su presencia, que no era más, que una escapatoria bonita de la realidad. Siempre puse puntos suspensivos a esta historia hueca, puntos y seguido, puntos sin sentido.
Lo que él era, yo lo envidiada sutilmente. Siempre tan dispuesto y con esa energía avasallante que nos llevaba de lugar en lugar, sin dinero, sin nada. Éramos felices con poco, o al menos yo lo era. De su felicidad no puedo hablar pero si de esos efímeros momentos de placer que quizás llegué a confundir con felicidad.
Cuando la noche helada llegaba y nos acariciaba, así nos íbamos acercando sin decir palabras, todo comenzaba en el surco de mis pechos y como si mi cuerpo lo pidiese terminaba arriba de su pelvis, sintiendo su erección que se abalanzaba en mi entrepierna. Podía sentir su respiración frenética en mi cuello, él solía cerrar los ojos deleitando lentamente el perfume de mi cuerpo, y con las manos llenas de ganas llegaba justo al punto donde me quiebro, y ya soy suya, en un par de movimientos sutiles que van aumentando. Comenzábamos a dibujar figuras sin sentido, parecidas al movimiento browniano, un ángulo recto, una línea que sube, de fondo al frente, arriba, abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección y así se va creando una figura de algo inexistente, como tú y como yo, como ese cuarto que no nos pertenece. Donde dejé mi corazón, cerré las puertas y escondí las llaves; en sueños, poesías o juegos.
Me asomo a veces a lo que fui, antes de ser esto que soy.
Mil gracias a la comunidad de
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gracias por todo el amor que me dan.
Fotos y texto de mi autoría.
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