
De vez en cuando pienso en ser cigarro para convertirme en un vicio y morir en tus labios, sabiendo que no me queda más que eso, tu respiración y el recuerdo de una noche que abolió 90 y tantas más.
Una ardua competencia entre la vigilia y el sueño que se entrecruzan para confundirme al igual que tu mirada. Ambos ahí sabiendo que el encuentro no duraría más que un terrible y delicioso instante lleno de humo; me sentía cómplice de aquella tarde y de tu mirada que casi podía traerme recuerdos de una vida ajena. Nos debíamos una historia juntos y no pudo ser una mejor historia dijiste.
Posdata: Tal vez debimos quedarnos en ese cuarto de hotel para siempre.