Siempre me sorprendió el talento que tenías para mentirme,
Siempre me pareció repugnante mi debilidad para creerte.
- “Nos vemos a las seis, estoy un poco ocupada”
- “Está bien, iré por ti sin falta…”
- “N-no, no te preocupes, yo voy a tu casa”.
Y así pasaron los meses y los años sin notar aquel engaño,
Varios días sin verte, una semana, luego dos…
Mis amigos preguntaban por ti para joderme la paciencia,
Me invitaban a llamarte y perseguirte,
Fuimos a tu casa un par de veces y te vimos…
Vaya que te vimos.
Tardé varios meses en reponerme de aquella puñalada,
Tardaste varios días en olvidarme como si nada.
Entonces, un día, sin previo aviso… Tocaste a mi puerta:
- “¿Puedo entrar?”
- “Si, pasa.”
Me contaste lo difícil que había sido abandonarme,
La tragedia de besar otros labios y lo mucho que lloraste,
Me dijiste, con el rostro bañado en llanto…
- “Estoy embarazada…”
Siempre me sorprendió el talento que tenías para mentirme,
Siempre me molestó lo fácil que era para mí creerte.
Pero te amaba… ¡Claro que te amaba!
Esa noche, entre lágrimas y besos…
Te perdoné con un disparo entre tus pechos.
Esa noche, entre lágrimas y besos…
Te vi morir.