De nuevo, en definitiva es patológico; la duda me detiene y a pesar que la conozco desde hace años, no me siento con la suficiente confianza para insinuar algo. ¿Que podrÃa insinuarle? ¿Que mi cuerpo necesita el calor de una hembra, el olor de una mujer, que no me está bastando con escabullirme cada noche y mientras fumo rozar intimidades forradas de seda?
Perversión, lujuria y lascivia corren por mis venas. Un animal que no existe, la respuesta más fácil ante mi ignorancia.
Ya sé lo que voy a hacer, la voy a sentar al borde de mi cama, aunque no esté, aunque un dÃa sé que estará en la cama de otro, mientras yo seguramente seguiré igual, pensando en sà he de hablar o no, y tan solo le diré gracias, porque aunque me gustarÃa dejar vivir de posibles, interminables opciones que mi mente crea, en uno de ellos me imagino, con ella, con alguien, con esa mujer que no es la pieza que siento que me hace falta, si no como la indescriptible, vaya nombre tan horrible, pero, otra vez, antes de divagar, le agradezco, y ¿por qué le he de agradecer? Por su necesidad que es la que me ha despabilado durante meses.
Ojalá pudiera correr riesgos y apostar por algo indescriptible.
Fuentes Imágenes
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