En una de nuestras sesiones mi psiquiatra me preguntó:
¿Cómo describes tu vida actualmente?
Bueno...
Es como si estuviese en una lucha constante con el océano y su fuerte corriente. El océano es vasto, poderoso e indómito y yo alguien que sólo se esfuerza por llegar a la orilla; algunas veces siento que estoy tan cerca que casi puedo tocar el fondo. Pero, el mar, siempre oportunista, espera el momento adecuado para lanzarme uno de sus gigantes puñetazos en forma de olas y cuando me espabilo descubro que estoy en el mismo lugar en donde empecé, comienza la travesía otra vez.
Ya no sé cuántos años, meses o días llevo intentándolo, he perdido completamente el sentido del tiempo. Sin embargo, la esperanza de llegar a la orilla es lo único que me mantiene con vida. Intenté encontrar otras alternativas, aparte de nadar, le hice señales a barcos que se acercaban, le imploré a Dios por sabiduría e incluso intenté pedirle apoyo a las curiosos delfines que venían a visitarme; nada funcionó.
Siento que el mar cada día gana fuerzas, me falta el aliento, mis brazos parecen de paja comparado a los que él utiliza para azotarme día tras día. Aquel lugar que tanto anhelaba acercarme cada vez parece más al sueño de un niño ingenuo.
Actualmente, sólo quiero escuchar el sonido de las olas y dejar que la corriente me lleve solo, letárgico, libre de todo tipo de emoción...
Y al final, cuando él se canse de jugar conmigo, como la bestia salvaje que es, abra sus descomunales fauces y me devore de una sentada. En ese momento, cuando me encuentre flotando en la profunda y quieta Nada sólo un pensamiento pase por mi mente:
Me estoy ahogando.
Y, justamente, cuando esté punto de perder la conciencia, mientras miro el reflejo de la luna llena en las profundidades me imagino un mundo en donde sí pude alcanzar aquella orilla. Luego, entre en pánico porque todavía puedo nadar, puedo hacerlo, pero...
ME ESTOY AHOGANDO.
No te has estado tomando la medicación que te receté, ¿cierto? - dijo mi psiquiatra mirándome detenidamente con el ceño fruncido.
Nope - respondí con una enorme sonrisa.