Su espalda era como un gran cielo. Jamás olvidaré la noche aquella que decidí volarlo para de su vista disfrutar, tiene tanto que ofrecerme que en mis momentos de ocio uno cada una de las estrellas y lunares que tiene y con ayuda de una eficiente imaginación construyo miles de constelaciones, cada una de ellas únicas en su unión
Me perdía entre sus horizontes y en sus grandes corrientes de aire me metía solo porque de ahí no quería salir, a pesar de todo volarte entre tanto caos era más seguro que estar en la tierra.
Sus ojos 2 volcanes a punto de hacer erupción sin con rabia o dolor te miraban.Con ellos podía hacerte sentir el más fuerte calor o el más terrible de los miedos, pero si feliz se encontraba solo verías una montaña en calma que te ofrece la más hermosa vista una vez que decides quedarte entre sus boscosos caminos, pero te advierto que una vez adentrado no logras regresar, ya adentrada en sus peligrosos bosques asumes estar preparada para lo que en el camino puedas encontrar.
Si sus manos tocabas, ya habías perdido todo el camino recorrido, eran tan suaves y delicada como la arena de un desierto y la brisa envolvente de la playa.
Sus brazos eran como flotar en el mar, estar en ellos era sentir calma, si en su pecho descansabas un único ruido ibas a escuchar y eran tus pulsaciones tranquilas ante tanta calma y pidiendo en cada latido no abandonar nunca tanta paz.
Su boca ¡Que peligro! Una tormenta sin duda alguna, de esas que arrasa poblaciones enteras te llevaba y te trae a su antojo, haciendo de ti un barco atrapado en un tornado de emociones que no sabe lo que pasa... solo ante lo incierto te encuentras pero confías en eso que dicen “después de la tormenta te aguarda la calma”
Así era él, la naturaleza en Todo su esplendor, caóticamente perfecto