Recordar es remover momentos, retroceder tiempos, traer cosas lindas de regreso.
Indagar en uno mismo no es una tarea compleja, sólo es difícil encontrar cosas dentro que debemos cambiar, superar o afrontar, pero en líneas generales es bonito recordar. Cuando va pasando el tiempo olvidamos muchas vivencias, y muchas veces todos los detalles desaparecen a solo fragmentos o imágenes que son las que se quedan en nuestra memoria.
Para ejercitar la memoria es interesante evocar recuerdos, traer a nuestra mente momentos, sabores, colores que hemos visto en cualquier amanecer que nos ha sorprendido. Recordar es vivir, y vivir es tener recuerdos. Muchas veces hasta sabores, fragancias u olores traen recuerdos que se hacen presentes.
El dulce aroma de los recuerdos, me trae la presencia de los seres queridos.
Es aconsejable volver a leer escritos, mirar fotografías, intercambiar recuerdos con algunas personas, son ejercicios que despiertan nuestra imaginación, que hacen que nuestro cerebro proyecte como en una película grandes momentos de nuestra vida. De este modo logramos combatir grandes enfermedades que al pasar de los años nos pueden llegar a afectar.
La vida es un album de imagenes de colores.
Recordar puede ser un ritual de momentos que se escogen para volver a vivirlos, un ritual lleno de belleza y magia. Los recuerdos pueden tener un efecto de renovar nuestro estado de ánimo en segundos, hasta pueden evocar amores olvidados que hacen sonreír. Como hubiese dicho mi abuela: “el que se ríe sólo bien rico que lo recuerda”
Tomar tiempo para recordar es una batalla ganada ante la velocidad de la vida.
Los recuerdos también pueden ser fuente de reflexión y de ejemplo, para no repasar las cosas que son malas, el recorrido será más ameno si logramos descartar lo negativo y siempre extraemos lo bueno. Los pensamientos pueden ser más claros tras los recuerdos.
Recordar es un viaje que comienza desde el mismo momento en que vivimos el presente