En tu triste jornada,
encuentro la paz que me calma.
Tu silencio me arranca las entrañas,
pero eres tan necesaria como un vaso de agua.
He aprendido a quererte silencio del alma.
Risas suenan e ignoro que te conozco.
Solo basta con que me fume un cigarrillo,
para que susurres cosas a mi oído.
Perdón por alejarte no es que no te quiera.
Soledad, tu eres mi fiel compañera.