La ciudad dormía bajo las alturas
La ciudad deslumbraba en belleza desde las alturas, no lo podía negar, aunque no era eso lo que me llevaba a estar allí. Lo venía planeando hacía algunos días, ignoraba cómo debía ser, sólo buscaba un final. Aun así el miedo invadía mi mente y la adrenalina en carrera irrigaba mis venas. Podía escuchar mi corazón gritar, mi cuerpo en suspensión interrumpía mis deseos. En un ataque de pánico me encontraba al borde del vacío para decir adiós.
―Tsk, tsk, tsk, tsk… sería una lástima que lo hicieras.
Una voz cavernosa retumbó el silencio que arropaba las alturas. Mi corazón enmudeció. En desesperación giraba, pero no hallaba el origen del sonido, era imposible pensar que alguien estuviera allí. Lentamente veía vislumbrar una sombra que ganaba tamaño al acercarse.
― ¡Santo Dios!
No me dio tiempo reaccionar ¡FLSHH! Unas alas enormes arroparon mi cuerpo para saltar al abismo, pero ya no deseaba morir. Un rostro cadavérico me miraba e iba cambiando su forma, grandes colmillos se asomaban, mirada estridente y unas pavorosas garras que terminaban en pesadilla, esas mismas garras que seccionaban mi carótida en dos, estrujaba con más fuerza mi cuerpo, exprimiendo su jugo, exprimiendo mi vida. Su lengua escudriñaba mis heridas, lamiendo desesperado como perro sediento. ¡FLSHH! Ya no sentí más el abrazo de la muerte envuelto en sus alas, sólo sentí el impacto del final que esa noche buscaba.
Al siguiente día, los encabezados de los diarios rezaban: Suicidio en el 30 ST. Mary Axe. Sólo yo sé que así no fue.
Agradecida por leer mi participación al concurso de .
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