En Caracas, un día particular es común. La constante crisis ha hecho que las rarezas, las particularidades, las precariedades, las situaciones irregulares, sean vistas como normales. Cosas que serían noticia por semanas en otro país, en Venezuela es costumbre y es hasta normal. Se ha perdido la capacidad de asombro en la ciudadanía. Y con ello me quiero referir a las cosas que hemos permitido como sociedad: hemos permitido que ver a personas comiendo de la basura sea "normal", ver niños mendigar sea "normal", ver personas no poder agarrar transporte público por la crisis de efectivo, sea "normal" y que alguien sea víctima del robo sea común y normal, hasta el punto que las personas agradecen que solo fue algo material en caso de no salir herido.
Hoy, camino a mi casa, intentaron robarme, cerca del metro de chacaito (una zona bastante transitada que separa el centro con el este; por suerte, siempre camino prevenido, y aunque fueron dos personas, logré empujar a uno de los ladrones y poder correr. Me querían robar el teléfono, la cartera y el bolso. Fueron cuestión de segundos, pero personas presenciaron cómo logré evitar el robo y se sorprendieron; también tuve la suerte que el autobús estaba en su parada y al correr pude montarme inmediatamente.
Fueron dos sujetos, uno apareció de la nada de un kiosco y me sostuvo frente a mi, me sorprendí e inmediatamente apareció otro atrás de mi, revisándome los bolsillos y diciendo que me callara. Inmediatamente, empujé al sujeto que estaba al frente de mi, y corrí hasta la parada. Una señora con su hijo me vio correr y se sorprendió de mi reacción, ya que no es tan común.
Sin embargo, al llegar y contarle a mi mamá, se preocupó claramente, pero fue como una expresión de normalidad y cotidianidad en nuestra ciudad.
Es lamentable, como una situación así ha sido normal y cotidiana en nuestra ciudad, y cómo hemos permitido eso como sociedad. Simplemente, espero que que esta situación algún día se remedie y que no sea demasiado tarde.