Cuando era niña, me la pasaba soñando con la idea de ser mamá y ser esposa (muy tradicional de mi parte)
Imaginarme grande, enamorándome, teniendo un noviazgo hermoso, que me propusieran matrimonio, casarme y tener bebés. Mi plan era simple, sabía cómo sería mi fiesta, mi vestido de novia, lo sabía todo y, la ejecución parecía ser la cosa más simple del mundo.
Pero los años canallas me cayeron encima, cambiando cada uno de mis planes, quitándome tantas personas y tantas cosas, que el futuro no tenía un panorama nada alentador.
La vida me pasó de repente y de repente era mamá de una niña, sin nada de lo demás que estaba en mi planeacion.
Hacer las cosas en desorden es mi área de experiencia. Cuando María Fernanda nació, yo tenía 25 años y 19.
¿Suena loco no?
Ya dedicaré otro post a que sepan la historia de por qué Mau conoció a su hija hasta muchos años después.
Lo que puedo decir aquí, es que, a pesar de hacer todo al revés, estoy feliz de verlo realizado como papá, con toda esa sabiduría y paciencia que lo caracterizan.
Ya vendrán anillos y bodas después, por ahora mi interés es ver a Mau crecer como papá al lado de su niña, verlos compartir tantos gustos, ver cuánto se parecen hasta para preparar un hotcake, me da años de vida.
Mi alma está tranquila al ver que mi hija tiene al mejor papá del mundo.