Observar el transcurrir del tiempo, y cuánto han crecido y evolucionado de rápido nuestros niños de la Casa Hogar “Domingo Savio” siendo hombres y mujeres íntegros y de bien, me alegra el alma y el espíritu, particularmente porque cuando los recibimos muy pequeños, llegan sin alegría, con la amargura del desamor, con el lenguaje del grito, porque no conocen la bondad de la palabra en voz baja, llegan arrastrando incontables traumas, ofendidos, abofeteados, con terribles cicatrices vivas, y no sólo en la piel, marcados también por las huellas de sus hogares de origen que llevarán por siempre.
Hemos visto crecer a muchos, por años, que lograron superar aquellas adversidades, porque los recibimos de muy corta edad, unos se han convertido en excelentes profesionales universitarios, otros han optado por abandonar los estudios y dedicarse a trabajar, y han constituido una familia, el hogar que sus padres le negaron, que nunca pudieron disfrutar.
Pero, no todos logran superar los traumas que llevan tallados en el corazón, y lastimosamente deciden abandonarse a la vida del delito, del mal camino, porque todos los niños provienen de hogares destruidos moralmente, disfuncionales. Y aun cuando son muy pocos, los que renuncian a la esperanza, duele profundamente, porque todos son nuestros hijos, los hijos de Venezuela.
Y eso fue lo que sentí días atrás, embargada por una gran tristeza, cuando me llamaron por teléfono para decirme que Jesús Nazareth, había perdido la vida, con tan sólo 20 años, en un atraco a mano armada. La historia de Nazareth, como yo lo llamaba, es bastante desgarradora, porque a la edad de 6 años, su madre fue asesinada en la sala de su casa, y él presenció este terrible acontecimiento. La madre de Nazareth formaba parte de una banda delictiva que se dedicaba al narcotráfico, y vivían en una vivienda muy precaria en un barrio de Caracas. Nazareth nunca conoció a su padre, eran dos hembras y él, todos de padres distintos. El padre de Nazareth era alcohólico, los abandonó estando su madre embarazada de una de sus hermanas.
En el expediente del niño Jesús Nazareth, con el cual ingresa a la Casa Hogar se lee, palabras más, palabras menos, que, fue un niño muy maltratado tanto física como psicológicamente, y cuando asesinaron a su madre, fue despreciado por sus familiares cercanos, ni los tíos, ni los abuelos quisieron asumir la custodia del niño, por ello fue entregado al Estado, y a través de un Tribunal de Menores, fue remitido a la Casa Hogar “Domingo Savio”, cuando tenía 7 años.
Recuerdo aquel día, cuando mi vecino querido y respetado, excelente amigo y servidor en nuestra comunidad, José Romero, y su hermano José Joaquín, quienes también eran colaboradores de la Casa Hogar, deciden adoptar a Nazareth, cuando cumplió 12 años de edad e inmediatamente comenzaron a realizar todos los trámites pertinentes, hasta que, efectivamente lo lograron. José Romero se convirtió en el padre que el niño jamás conoció y José Joaquín en su padrino de bautizo. Recuerdo que hicimos una celebración por esa excelente noticia, y porque estábamos seguros de que en adelante Nazareth tendría la calidad de vida que jamás su padre biológico le dio.
Nazareth ya en la etapa adolescente, ingresa al tercer año de Bachillerato, si bien, no tenía altas calificaciones en su desempeño académico, tenía unas calificaciones aceptables. Antes de culminar el año escolar, su padre adoptivo José Romero, cae muy delicado de salud en cama, padeciendo un dengue hemorrágico, y aun cuando sus amigos más cercanos, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance por su recuperación, lamentablemente después de un mes y medio de batalla por la vida, falleció en el centro médico donde estaba hospitalizado.
Y fue, ese doloroso hecho, el detonante que volviera a cambiar la vida de Nazareth. El muchacho abandonó los estudios cursando el tercer año de bachillerato, acostumbraba a fugarse del liceo, para irse a la calle todo el día, y allí, conoció otros jóvenes en condición de vulnerabilidad que ya habían incursionado en el mundo del delito, el alcohol y las drogas, y decide entablar amistad con estos. Nazareth posteriormente decide abandonar el hogar estable y cómodo que tenía, donde recibía amor, atención y cariño de su padrino José Joaquín, para ir a vivir en un barrio, a la casa de uno de estos jóvenes delincuentes, donde al poco tiempo, embaraza a una de las hermanas de este chico.
Un día en horas de la noche, Nazareth siendo perseguido por el hermano de la chica que había embarazado, con una pistola, porque quería asesinarlo por haber irrespetado a su hermana, llega desesperado tocando la puerta de la casa de Irma Guerra, una de sus madrinas de bautizo, la otra madrina era mi querida vecina María Fernanda Nunes, ambas fueron elegidas por José Romero, luego de concretarse la adopción del niño.
Nazareth, estuvo viviendo durante dos meses en la casa de su madrina Irma, le conseguimos un trabajo donde devengaba un sueldo digno y tenía todos los beneficios laborales, lo tratamos con el mismo amor que siempre conoció de parte nuestra, sin reprocharle absolutamente nada, porque decidimos fue aconsejarle y quererlo, quisimos que sintiera que nuestro cariño hacia él permanecía intacto, que no habían cambiado nuestros sentimientos, pero solamente se mantuvo en el trabajo por seis meses, porque decidió un día renunciar, para volver a las calles, así como tampoco regresó a la casa de Irma, razón por la cual no volvimos a verlo. Yo acostumbraba a dejarle mensajes en el Facebook para saludarlo, saber cómo estaba y decirle que regresara, que lo estábamos esperando, pero lamentablemente, nunca recibí respuesta, y opté por leer sus escritos, que además me preocupaban.
Y fue así como, el triste final de Nazareth, culminó estando con los amigos delincuentes, cuando intentaban asaltar una panadería, y fueron abatidos por los cuerpos policiales.
Ante la conmoción que me generó este hecho, decidí visitar a mi vecina Jenny Carolina Méndez, quien es Psicóloga, para hablarle del caso de Nazareth y para que me respondiera una interrogante que me estaba arrebatando horas de sueño: ¿Puede ser hereditaria la predisposición a la delincuencia?
Y Jenny Carolina me respondió: Euridice, la predisposición biológica no condena al individuo a convertirse necesariamente en un delincuente para el resto de sus días. La educación y los factores sociales, tienen una importancia decisiva para determinar si se cumplirá o no la predisposición biológica. Lo hereditario no es el comportamiento criminal per se, sino los factores biológicos asociados con la delincuencia, como ciertas características del sistema nervioso, un nivel bajo de inteligencia y una predisposición al alcoholismo y drogadicción.
Igualmente, mi vecina añadió: Con respecto al caso que me cuentas de Nazareth, te puedo referir que, la personalidad de un niño que ha sido sometido a este tipo de tratos crueles, sólo puede ser modificada hasta los 7 años, es como borrarle el pasado oscuro de donde procede, y a los efectos de este niño, eso ya no era posible. Pero además, diversos estudios científicos han demostrado que, la probabilidad de un comportamiento delictivo crónico es mucho más alta para los que tienen padres biológicos con antecedentes penales y/o de conducta delictiva, aun cuando tengan padres adoptivos de conducta intachable.
Hoy Jesús Nazareth está reunido con ese gran hombre, su padre José Romero, a quien amaba y extrañaba y de quien se sentía muy orgulloso, con quien conoció los mejores e incondicionales sentimientos que él mismo, en sus propias palabras describía. Y quienes los conocimos, los extrañamos y los amamos a los dos!!
La mayoría de las fotos son de mi propiedad, otras son sacadas de las cuentas de facebook de las personas mencionadas en la publicación como José Romero e Irma Guerra (con previa autorización y consentimiento). Todos los screenshot son de mi propiedad tomados de las cuentas respectivas que se pueden visualizar. La foto final fue editada por mi utilizando la app Pho.to Lab de Android.