Evangelio según san |
n aquellos días levantándose María fue con prisa a la montaña, a una ciudad de Judá¹; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabeth.
Y cuando Elisabeth oyó la salutación de María, la criatura dio saltos en su vientre²; y fue llena Elisabeth del Espíritu Santo³; y exclamó en alta voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre; y ¿de dónde esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque he aquí luego que llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura dio saltos de gozo en mi vientre. ¡Y bienaventurada la que creíste, porque cumplido será lo que te fue dicho de parte del Señor!
¹ Algunos creen que esta ciudad fue Hebrón, aunque no se puede asegurar cosa de cierto. Era ciudad sacerdotal, y la principal de las nueve que fueron destinadas a Judas y a Simeón, hijos de Aarón (Jos xxi. 9-11).
² Como manifestándose sensible en aquel momento en que recibía la gracia. El común sentir de los Padres es, que Juan recibió entonces el uso de la razón, y reconoció a su Salvador; y San Bernardo no duda afirmar, que desde este momento el Espíritu Santo llenó este vaso de elección, y le preparó para que sirviese como de hacha, que debía ir alumbrando delante de Jesucristo.
³ Fue plenamente iluminada por el Espíritu Santo en el conocimiento del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.