Evangelio según san |
uchas gentes iban con Jesús; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo¹. Y el que no lleva su cruz a cuestas, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
Porque ¿quién de vosotros queriendo edificar una torre, no cuenta primero de asiento los gastos, que son necesarios, viendo si tiene para acabarla, no sea que después que hubiere puesto el cimiento, y no la pudiere acabar, todos los que lo vean, comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no ha podido acabar?
O ¿qué rey queriendo salir a pelear contra otro rey, no considera antes de asiento, si podrá salir con diez mil hombres a hacer frente al que viene contra él con veinte mil? De otra manera, aún cuando el otro está lejos, envía su embajada, pidiéndole tratados de paz.
Pues así cualquiera de vosotros, que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo².