Hola, steemians. Un placer saludarlos. Aquí les dejaré un ensayo que escribí como ejercicio para recordar mis primeros pasos en la lectura. Acompañaré el escrito con unas sesión de fotos (de mis archivos) donde hago de modelo. Desearía que me comunicaran su apreciación en los comentarios.
Si desea crear un ambiente infantil, reproduzca el vídeo y continúe leyendo.
Como un niño a una hoja - 
Ya por los retos que surgen en la cotidianidad, ya por las vertientes en las que el
pensamiento, ensimismado, pasea en desliz oculto, o por la dicha de la defenestración
hipotética de los yoes internos: rompo apenas la piñata de los recuerdos literarios. Y resulta
que, entre tantos juguetes, no logro discriminar los más lejanos y los de mucho más allá.
Supongo que esto se debe a no aceptar el pasado como una mentira que se ase de la certeza
más definitoria de la vida. Sin embargo, sin tratar de entenderme mucho- por no tener
relevancia en este escrito-, intentaré hacer un dique con mis piernas y soplaré las olas de
coroticos con mis manos, hasta deslizar, como un niño a una hoja, aquel primogénito
acercamiento a los mundos de las palabras.
A priori, mis dedos guardan el vestigio de algunas texturas semánticas que fueron
exploradas en una de las visitas a la casa de la amante de mi padre, Elgys. Cuadrilátero se
presentaba un libro con botón de plástico colorado en él que, cartón a cartón, se formaba
un universo de sensaciones, colores, formas y tramas. Rescato que el perfume de su historia
queda en el inconsciente, pero el clímax de mi entusiasmo ha trascendido en mi consciencia
como una aventura onírica al Edén.
Paradójicamente, pelean el primer lugar las alas de una Biblia ilustrada. Estas, con
personajes atractivos, pudieron llevarme a las etéreas puertas de la imaginación mientras
seducía al sueño en la vieja cama de mi paranoica tía. Con esta divina escritura, remembro,
se presentó el infernal insomnio que hasta ahora me tortura. De cualquier modo, como no
se debe ir al cielo llorando, agradezco el sendero que me permitió explorar la literatura que
hoy tanto me llena.
Pronto llegaría a mí la biblioteca virtual “Encarta” donde se construyó el puente
entre la información y mi motivación; y así, con ritmo fluido, fui exigiendo a mis padres
más para leer: revistas infantiles, libros y carteles con poemas y cuentos. Por final, tratando
de soltar el guaral del agradecimiento, me remitiré al trompo letrado que me dejó conocer,
desde la línea superior e inferior hasta el centro, la reseña jocosa de su lugar dentro de
nuestra cultura, aquella tarde en que me hice consciente de lo mucho que me gustaba leer.
GRACIAS POR LEER
Espero les haya gustado, pero en cualquier caso, cualquiera que sea su apreciación, déjenmela saber abajo en los comentarios. Un abrazo fuerte. Nos estamos leyendo.
Todas las fotos fueron tomadas por Alejandro Venegas. Y se encuentran en mi [Instagram](