Hola, amigos de Steemit. Hoy, después de mucho tiempo perdido entre deberes académicos y laborales, he decidido escribir este cuento. A mí me ha invadido el tema de la realidad venezolana, espero superarlo pronto. Ja, ja ja. Si les gusta o no les gusta, me lo dejan saber en los comentarios. Ahí va...
La niña inteligente
Como quien desciende a la carretera, intentando evadir la ola de gente que quiere montarse en el bus antes de que bajen los que han llegado a su destino, me ha tocado mirar bellezas de El principito y dejar de lado la protesta a la humanidad. Tengo solo a una niña de 9 años a quien nadie considera mi alumna, pero que me prestan por 2 horas a la semana para ser felices en tanto refulgen sus ojos marrones el alma de las letras. “Y eso es porque los adultos no entienden”, comentaba al final de la clase ante cada grito exiguo de aquellas letras desasosegadas. Yo intentaba alentarla a entender, a que mantuviera esa sensibilidad con que había descubierto al elefante dentro, a que se imaginara gaviotas volando para saltar planetas. Pero como la vida es un vídeo rapidísimo que en ocasiones se vuelve en cámara lenta, el tiempo se hizo conciencia y sus labios formaban un vacío limitado por sus comisuras. Después, tras una bocanada de aire y un silencio de blanca, atacó: “¿podrían llevarme unas Gaviotas de aquí a Perú?”. Yo, intentaba que solo fueran las pupilas las que me temblaran. Le miraba los brillos que opacaban. Volvió: “allá está mi papá”. El tiempo regresó dictador y amenazaba con perpetuarse entre nosotros. Sonriendo, deshecho de agilidad mental, me incorporé para responder: “tú lees. Las niñas que leen son gaviotas. Además, Perú está muy cerca; de quererlo, llegarías a otras galaxias”. Juntos sonreímos con desigual sinceridad. Ella expresaba la posibilidad de volar y llevarse a su familia a Marte. Mi pensamiento traqueteaba una carrera donde la meta era ser picado por un bus en un desierto fronterizo para viajar a los abrazos paternales.