Aurora una niña de 10 años, vive en una casa antigua de esas que aún tienen el baño afuera de la misma; ella es tranquila, inocente y juguetona; no imaginaba lo que estaba por ocurrir en su vida en una noche oscura y fría de enero, ella se levantó de madrugada a orinar. Algo que no quería hacer, ya que tenía que atravesar el patio oscuro de la casa para llegar al baño. Su madre siempre la acompañaba a hacer esta tarea pero ese día la mamá estaba enferma y no podía salir de la cama, su padre no se encontraba en la casa y sus hermanos al ser la más pequeña solo ignoraban las suplicas de una niña tímida.
Después de pensar por varios minutos y de no aguantar las ganas de ir al baño ella toma el valor suficiente para ir al baño, camina por un pasillo largo y oscuro mirando a su alrededor las fotos familiares que son iluminadas con la luz de la luna que entra por la ventana, llega al final y decide atravesar el patio solo la separa unos 20 metros de su destino, camina rápidamente mientras escucha el sonido que hace las ramas del árbol al mecerse con el viento. Por fin llega hace su necesidad, y en su inocencia se da cuenta que solo fue miedo sin fundamentos, regresa caminando a la casa confiada y tranquila.
Llega a su habitación se acuesta contenta y relajada apaga la luz de su lámpara de noche, cuando está a punto de cerrar sus ojos ve una sombra en un rincón de la habitación, el terror invade su cuerpo y su primera reacción es ocultar su cara debajo de la cobija. Suavemente saca su cabeza y vuelve a mirar hacia el rincón y no ve nada.
Enciende su lámpara de noche solo para darse cuenta que no está sola en su cama, una mujer anciana con cabellera larga y abundante. La niña petrificada inmóvil no podía hacer nada mientras las manos de esta anciana acariciaban sus mejillas. Un grito ensordecedor invadió la casa, rápidamente corrieron los hermanos y la madre preocupada se levantó inmediatamente de la cama. Abren la puerta y una figura espectral se desvanece del lado de la niña.
Su madre la toma en sus brazos, limpia sus lágrimas y logra calmarla pero la niña se queda en silencio el temor la ha enmudecido. Ella sabe muy bien que era la figura que atormento a su hija, y exclama:
- bruja maldita que quieres lastimar a mi hija, te invito mañana a las 10 de la mañana a que me visites y me pidas una tacita de sal. Revelando tu verdadero rostro.
Efectivamente al día siguiente una persona llega a su puerta puntualmente toca 3 veces, pidiendo una taza de sal, era doña Carmenza la señora más amable y religiosa del pueblo. La madre de Aurora al saber quién era la bruja le dice:
- tu eres la que estaba atormentado a mi hija anoche, toma la sal por la que has venido.
Arrojando la sal en el rostro, le grita: -si vuelves a mi casa te quemare viva bruja desgraciada.
Al ser descubierta doña Carmenza se aleja mirando con una sonrisa macabra a la niña, pero sabiendo que nunca podrá volver a pisar esa casa. Desde ese día la bruja desaparece sin dejar rastro alguno en el pueblo.