Eran las siete de la mañana, definitivamente se le había hecho tarde para iniciar su rutina de buscar empleo, la primera cita del día era la más importante, deseaba trabajar en esa prestigiosa empresa. El esmalte en las uñas no secaba, las últimas gotas del secante se las había gastado ayer, llevaba cinco meses haciendo esas entrevistas y estaba realmente agotada. Liliana era la mayor de tres hermanas y a la que peor suerte le había tocado según ella. Al poco tiempo de divorciarse se quedó sin trabajo y su exesposo se hacía el desentendido con la consignación para la manutención de su hijo de siete años.
−¡Ah. Estas malditas uñas no se quieren secar!
−Tranquila, yo te ayudo. Acércate y te las soplo −le sugirió la Amiga que en ciertos momentos de la vida de Liliana aparecía.
Su Amiga era idéntica a ella. Cuando Liliana cumplió ocho años, su madre le contó que había tenido una hermana gemela que murió en el parto. Al poco tiempo apareció su Amiga, el primer día que la vio, creyó que se trataba de su hermana gemela que la acompañaba desde el más allá, pero la niña le dijo que simplemente era una Amiga. Trató de apartarse de su compañía porque se dio cuenta que nadie, aparte de ella, la podía ver, pero pronto se dio cuenta que era inútil, porque realmente pasaba mejores momentos en su compañía que con sus otras hermanas. Pronto se convirtió en su mejor amiga, aunque le molestaban dos cosas de esa relación: la primera era que desde que la conoció, nunca le había dicho su nombre por más que le insistiera, siempre le decía que simplemente la llamara Amiga. La segunda era que ella desaparecía cuando estaba realmente contenta con otros, no compartía esos momentos felices, eso le daba un poco de miedo, pues creía que su Amiga era envidiosa. Durante todo su noviazgo y matrimonio solo volvió a aparecer cuando comenzaron las discusiones y finalmente Rodolfo le pidió el divorcio.
−¡Ya llegó el taxi Amiga…!
−No te preocupes, todavía estás a tiempo, corre.
−¿No me vas a acompañar?
−Yo te alcanzo. Espera, se te queda el bolso.
−¡No sé qué haría sin ti Amiga! −Exclamó Liliana dándole un beso en la boca a su compañera de dramas.
La antesala estaba atestada de hermosas mujeres que competían haciéndose miradas exploratorias entre ellas, sonreían, sí, pero solo a través de su máscara social. Liliana fue la última en llegar, sin embargo, todas repararon en su belleza: su piel canela y sus ojos verdes hacían un conjunto de ensueño; su traje formal, ceñido al cuerpo, dejaba ver unas curvas de ataque; el color rosado de su vestido y el escote, resaltaban ese color de piel entrelazándose con sus labios color carmesí; y de sus voluptuosos senos salían espirales de ese perfume delicado de Anaïs Anaïs.
Liliana desfiló hasta la oficina donde le recibirían la hoja de vida y luego se sentó para esperar su turno. A los cinco minutos salió de la oficina del gerente una de las aspirantes al puesto y la secretaria llamó a Liliana. Las demás mujeres fruncieron el ceño de inmediato ¿Cómo era posible que la última en llegar, fuera la siguiente en turno?
Liliana se levantó de la silla que hacía pocos minutos estaba ocupando y se acomodó su minifalda, tampoco entendía la prontitud de la llamada a la entrevista. Nunca le había sucedido. «“Por fin algo de suerte”», pensó. Nuevamente desfiló hasta el despacho del gerente y cerró la puerta tras los cuchicheos de las otras desempleadas.
−Buenos días señorita Liliana, siéntese por favor −dijo Arnoldo, el gerente de Park In, mientras devoraba a Liliana con sus ojos.
−Gracias, doctor −respondió tímidamente observando que el gerente llevaba una de sus manos debajo del escritorio.
−Y bien. Cuénteme cómo maneja usted la inteligencia emocional −preguntó Arnoldo luego de apagar las cámaras de seguridad con el botón debajo de su escritorio.
Liliana sintió una corriente helada que se apoderaba de su cuerpo, no sabía qué contestar: «¿inteligencia emocional?, hasta aquí llegó mi suerte, ¿de qué carajos me está hablando?», pensó en medio de la oscuridad que se apoderaba de sus pensamientos y el olor a Paco Rabanne que al mismo tiempo la excitaba. Arnoldo sacó de uno de los bolsillos de su William Fioravanti una reluciente tarjeta blanca y se la extendió a Liliana.
−A las ocho la espero ahí.
Ella se levantó apresuradamente, tomó la tarjeta y no dio crédito a lo que decía:
Motel Corona
“Pasión que arde”
Invitación Especial
Vale un turno de dos horas
−¡¿Pero qué carajos?! −exclamó Liliana desterrando ese olor a Paco Rabanne que casi le había hecho entrar en trance.
−Cómo usted quiera. Yo no contrato a nadie que no sepa manejar sus emociones.
−¡Usted es un pervertido de mierda! ¡Podré estar muy necesitada, pero esto ya es demasiado!
−Baje el volumen de su voz y salga de mi oficina −dijo Arnoldo sin mostrar emocionalidad.
−¿Y lo vas a dejar ahí, como si nada hubiera sucedido? −dijo de repente la Amiga apareciendo de la nada. −¡Este cabrón es un verdadero cínico!
−¡Tienes razón Amiga, es un cínico!
Arnoldo miró a su alrededor buscando al interlocutor de Liliana y no pudo contener la risa. Luego se quedó mirando a Liliana sin saber qué decir. La Amiga cogió un cenicero de cristal que estaba encima de una mesa cercana al escritorio de Arnoldo y se lo tiró en la cabeza.
−¡Por dios Amiga, qué hiciste!
−Sólo lo que tú deseabas Liliana, no era justo.
−Sí, ¿pero cómo se supone que voy a salir de esta oficina? Afuera la secretaria tiene todos mis datos, sin contar con las cámaras de seguridad que están por todas partes… Ayúdame a llevarlo al sofá hay que hacer algo para que vuelva en sí.
−No puedo coger cosas materiales, te toca a ti sola, pero no te preocupes que yo voy a estar aquí.
Liliana miró a su Amiga extrañada. «“¿Si no puede coger cosas materiales, cómo le propinó ese golpe al gerente con el cenicero?”», pensó.
−Tal vez no fuí yo −contestó la Amiga sonriendo.
−¡Maldita sea, esto es lo único que me faltaba, nunca debí confiar en ti! −contestó aún más confundida al tiempo que arrastraba a Arnoldo hasta el sofá.
Después de acomodarlo, Liliana tomó su pulso, ahora el miedo y la confusión se transformaron en pánico y desesperación.
−¡Está muerto! ¡Amiga, por favor ayúdame, yo sé que tú puedes, por favor!
−Dentro de un minuto la secretaria abrirá la puerta.
−¡Qué voy a hacer! ¡Me van a meter a la cárcel por tu culpa, ayúdame!
−Ya te dije que yo no hice nada. Pensemos en algo rápido.
La Amiga se acercó a Liliana, le susurró al oído que se montara encima del gerente, metiera y sujetara la cabeza de este entre sus senos para simular una escena porno. Cuando la secretaria abrió la puerta, Liliana jadeaba como si estuviera excitada y no le importara que la vieran. La secretaria desorbitó sus ojos, frunció el ceño, junto sus labios y llenó sus mejillas de aire en desaprobación mientras cerraba la puerta, pero en ese mismo instante Arnoldo volvió en sí.
−En realidad estás bien loca −dijo el gerente ahogado entre los voluminosos senos de Liliana.
Ella se apartó de un brinco, le dio una cachetada a Arnoldo, salió corriendo acomodándose el brazier y abrió la puerta de la lujosa oficina. Arnoldo la siguió.
−¡Esto es una trampa! ¡Ese hombre trató de violarme! −gritaba mientras corría en medio de las perplejas desempleadas.
Arnoldo llamó a los guardias de seguridad y le dieron captura antes de abandonar el edificio. La secretaria de Arnoldo testificó que Liliana tuvo sexo con él por su propia voluntad. Una semana después de lo ocurrido Arnoldo comenzó a enviarle invitaciones a cenar a Liliana, todos los días durante dos meses hasta que ella finalmente accedió. A los pocos encuentros cayó en los brazos de Arnoldo y este le brindó muchas comodidades materiales, sin embargo, su Amiga siempre estaba con ella recordándole que su vida era vacía, sin importar cuántos lujos pudiera obtener de esa relación. Una noche de aquellas después de la desbordante pasión que solía existir en esos encuentros. Liliana se sentó en la cama para hablar con su Amiga mientras que Arnoldo dormia.
−¿Por qué no le aplastas la cabeza de una vez? Aprovecha que está dormido.
−Amiga, yo no voy a terminar mi vida dentro de una cárcel. Además esta es una relación sin compromisos y no lo estoy pasando tan mal.
−Y quién te asegura que el día de mañana no vas a perder todas las comodidades que este hombre te ha dado. ¿Recuerdas con qué facilidad te ofreció la tarjeta del motel? Eso lo debe hacer con todas las que le gustan. El día que se aburra de ti, nuevamente lo perderás todo. De esta forma no vas a ser feliz, por algo estoy aquí.
−¿A qué te refieres con eso Amiga?
−Siempre te has preguntado por qué no comparto tus momentos felices. No es por envidia, como te lo has imaginado, estoy contigo en los momentos de tu vida en los que no eres feliz y necesitas de un amigo sincero, cuando eres feliz no me necesitas, esa es la verdadera razón.
−Pero si le aplasto la cabeza a Arnoldo, ¿tú crees que así voy a ser feliz? No creo que exista la más remota posibilidad en eso Amiga. Tienes razón, ahora no soy feliz, pero tal vez eso no exista realmente, me refiero a una felicidad completa, la felicidad pueden ser solo momentos esporádicos. Si algún día vuelven a mi vida, ahora sé que tengo que disfrutarlos al máximo en ese momento presente.
−Tienes razón Liliana, pero tu deseo de ser feliz es demasiado fuerte. Por eso estoy aquí. De acuerdo, no le aplastes la cabeza, pero al menos ten un poco de dignidad y vete de aquí. No lo vuelvas a ver.
−Te recuerdo que fue por tus consejos que accedí a verlo.
−Bueno, tú me confesaste que sentías mucha atracción por ese hombre, yo solo te dije que lo conocieras mejor. La idea de acostarse con él, recibir regalos, apartamento, carro, ropa, y demás, fue solo tuya.
−¿Y eso no entra dentro del «conocerlo mejor»?
−jajajajajajaja Sí, tú ganas. Simplemente recuerda que estoy aquí porque deseas ser feliz, y no lo eres en este momento.
−Quizás seas esa parte feliz de mi ser y me siento afortunada por hablar contigo. La felicidad completa no existe para mí Amiga, al menos ahora puedo darle todo a mi hijo y hacerlo feliz, eso, supongo, es un gran logro para alguien como yo. Fíjate que cuando me casé creí que sería feliz hasta la muerte y eso sólo duró unos cuantos años.
De repente Arnoldo sacó su cabeza dentro de las cobijas y se incorporó al lado de Liliana, esta sintió que su corazón se detenía.
−Mira Amiga, yo creo que dentro de ningún matrimonio existirá felicidad, por eso no me caso con ella. He sido un perro y tampoco puedo asegurarle a Liliana que en algún momento vuelva a mis andanzas, eso nadie lo sabe, ni siquiera yo. Ella me gusta porque realmente es especial y eso es todo. Yo no creo que tú estés aquí por su felicidad, nadie que quiera eso le aconsejaría matar a alguien, apareces en los momentos de infelicidad de ella porque te alimentas de sus miedos y de sus inseguridades, por eso no apareces cuando está feliz. No creas que yo no te puedo ver, te vi desde que entraste a la oficina por primera vez, lo que me sorprendió fue que Liliana te viera y tuviera una relación estrecha contigo. Yo también tengo un Amigo ¿por qué no vas a charlar con él?
En ese momento una sombra comenzó a moverse en la oscuridad del dormitorio y llegó hasta el claro que iluminaba el rostro de la Amiga de Liliana. Un hombre tan apuesto como Arnoldo extendió su mano hacia ella y le sonrió.
Gracias por detenerse a leer. Lo siento si quedó muy largo :( Trataré de ponerme un límite en las palabras la próxima vez ;D