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Algunas pequeñas evidencias que he expuesto durante esta corta investigación podrían indicarnos que la teoría del simio acuático debería ser revisada por los científicos porque tal vez pudiera darnos alguna sorpresa sobre algún eslabón que nos estemos perdiendo dentro de nuestros orígenes, sin embargo esta teoría está bastante desprestigiada, al parecer ningún antropólogo, paleontólogo o biólogo que quiera llevar pan a la mesa de su casa la investigaría. La biología académica actualmente la rechaza de plano y cuando se habla de ella se la considera pseudociencia.
La teoría del Simio Acuático fue postulada por Max Westenhofer, en Der Eigenweg des Menschen (1942), pero fue más popular en 1960 cuando el biólogo marino sir Alister Hardy la retomó. Elaine Morgan fue una escritora que se dedicó a estudiar los orígenes de la humanidad por más de 40 años y defendía la teoría del Simio Acuático. Hace poco me encontré una charla de ella en TED donde habla al respecto. Al finalizar este post encontrará el enlace al video.
La respuesta queda pues en manos de los estudios genéticos que se adelanten, esperemos que en algún momento esta ciencia revele los verdaderos misterios de nuestros orígenes así como ha descubierto en los últimos años la cercanía de varias especies que se creía emparentadas con otras.
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Existen muchos agujeros que aún se deben rellenar con evidencias en la historia de nuestra evolución. En la última década el poco ADN recuperado a raíz de los descubrimientos arqueológicos en la «Sima de los Huesos», una cueva de la Sierra de Atapuerca (Burgos); la cueva en Denísova (Sibería), y el genoma más antiguo de nuestra especie (Homo-Spiens) encontrado también en Siberia, el cual data de hace 45.000 años; han puesto de manifiesto la fantasía de las teorías evolutivas que se tienen y hasta el momento hace falta más tecnología para seguir reconstruyendo ADN y más fósiles para contrastar.
Dentro de los descubrimientos más destacados en los fósiles de los hallazgos mencionados encontramos inconsistencias en el cromosoma Y del hombre moderno porque al parecer no tiene rastros de ADN Neardental. Se plantea que el hombre moderno o (sapiens sapiens) se separó de los neardentales hace 590.000 millones de años y que al parecer existían incompatibilidades genéticas entre estas dos especies haciendo que se pusiera en marcha el mecanismo de aislamiento genético, tal vez del tipo prezigótico, para más información al respecto puede leer el post Tú y yo somos inviables de .
Se cree que los antígenos derivados de uno de estos genes, conocido como KDM5D, provoca una respuesta inmune en algunas madres embarazadas contra sus fetos masculinos y da lugar a abortos involuntarios.
Los investigadores especulan que las incompatibilidades en uno o más de estos genes podrían haber jugado un papel en el apareamiento de los antiguos humanos y los neandertales, y conllevar problemas en los cruces entre ambos. Fuente
Nuevas reconstrucciones de ADN de la «Sima de los Huesos» develaron en 2016 que el ADN mitocondrial coincide con los denisovanos, un grupo de homínidos descubiertos en el 2010 en siberia y ADN nucleares de neardental. Fue muy grande la sorpresa porque se creía hasta ese momento que el grupo de los denisovanos sólo pertenecía a las regiones de siberia.
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En resumen, lo que tenemos hasta el momento en materia de evidencia genética sobre nuestra evolución es mínimo, pero sí existe un estudio genético que nos acerca a ver nuestras similitudes con unos animales que hasta hace poco no considerabamos ni de lejos parientes: el delfín.
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El Dr. David L. Busbee, toxicólo, genetista y biólogo celular, en 1998 presentó un análisis comparativo de ADN entre el delfín nariz de botella y el humano a través del método de ZOO-FISH con sondas de ADN cromosómicas humanas: En los análisis se identificaron 36 segmentos comunes entre el genoma de los seres humanos y los delfines: 13 de los 22 cromosomas de los delfines son iguales que los cromosomas del ADN de los seres humanos, los nueve cromosomas restantes fueron reordenados.
"Los delfines son mamíferos marinos que nadan en el océano y fue sorprendente saber que los seres humanos teníamos más en común con los delfines que con los mamíferos terrestres", explica Horst Hameister, profesor de génetica de la Universidad de Ulm, Alemania. Fuente
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Otra evidencia sorprendente de nuestras similitudes con los delfines nariz de botella es que según un estudio de la Dra. Stephanie King, de la Universidad de St. Andrews en Escocia, existen paralelismos muy interesantes en la comunicación de estos animales y la de los humanos. Los delfines nariz de botella tienen una manera única de silbar para ser reconocidos por los demás miembros de su comunidad y responden cuando sus congéneres los llaman por sus nombres:
Esta investigación, basada en observaciones de 200 delfines salvajes de la costa este de Escocia, demuestra que estos animales son los únicos mamíferos, además de los humanos, en hacerse llamar por nombres. «Esta es la primera evidencia real de la existencia de nombres y apelativos en el reino animal», dijo Stephanie King.
Gracias por leer. Nos vemos el próximo Sábado en la última entrega de «Sirenas y algo mas...».
Para ver los anteriores post sólo haga click en los enlaces:
Sirenas y algo más: Introducción
Sirenas y algo más: la tribu Moken
Sirenas y algo más: el nacimiento de los bebés humanos en el agua