Creo en el Niño Jesús, porque sus regalos superan el gusto de los niños;
Él es mi Navidad, porque sus regalos llegan todo el año, toda la vida.
Creo en el Niño Jesús, porque es el anfitrión de la mayor fiesta de cumpleaños;
Él es mi Navidad, porque mi Navidad con Él no es material.
Creo en el Niño Jesús, porque nos acompaña en cualquier rincón del mundo;
Él es mi Navidad, porque no debo llamarlo para que me acompañe.
Creo en el Niño Jesús, porque mi Navidad no tiene el rostro de un San Nicolás diseñado por Coca-Cola;
Él es mi Navidad, porque San Nicolás es Santo por amor al Niño Jesús.
Creo en el Niño Jesús, porque con Él no hay miedo;
Él es mi Navidad, porque no hay nada que perder pero mucho que ganar.
Te invito a conocer al Niño Jesús, diciéndole "Dios, si es que existes, salva mi alma, si es que tengo una."
Te invito a que Él sea tu Navidad, para que vivas una Navidad magníficamente inigualable.
Si quisieras aceptar conocer al Niño Jesús, un excelente impulso lo conseguirías con un poco de gracia.
Para conseguir su gracia -y destapar tu cañería- preséntate, coméntale cuánto tiempo has estado lejos y qué has hecho desde entonces... Cree y confiésate. Confiésate creyendo.
Harold Cronk asegura que "Dios no está muerto", pero todos nos alegramos porque "Dios ha nacido".