Hace catorce o quince años llegaron al poblado de Huautla, estado de Oaxaca, los esposos Wasson acompañados de su amigo el arqueólogo Frank Snell. Fue allí donde conocieron a una mujer frágil, de edad indefinida, cuyo nombre no tardaría en ser conocido en todo el mundo. Era María Sabina.
La curandera los invitó a tomar asiento, y después de comer unos hongos purificados a la flama del copal, pronunció una breve oración y se sumió en trance, golpeando ambas manos con fuerza, soltando palabras ininteligibles y ejecutando con los dedos signos mágicos, como si llamara a los espíritus. Estas son las palabras que dijo a continuación al profesor Snell:
-Cuando llegues a México, tu avión aterrizará cerca de un vehículo rojo. Aléjate de él...
En efecto, Snell bajó del avión en el aeropuerto de México, y vio llegar un camión rojo de bomberos, que se detuvo a unos treinta metros. El arqueólogo se separó del grupo de viajeros y se acercó al camión, que se incendió de pronto produciendo una fuerte explosión. Uno de los flamazos alcanzó a Snell en un brazo.
En todas partes comenzó entonces a ser citada la sacerdotisa del nanacatl, a quien se atribuyeron actos inverosímiles y maravillosas predicciones. Pero ¿quién es en realidad María Sabina? ¿Una mujer que comercia con la credulidad de los demás? ¿Un ser que domina el secreto de los hongos alucinantes? Sólo sabemos que ha realizado prodigios que nadie ha sabido explicar...
