¿Quién no ha oído hablar alguna vez de las maldiciones que amenazan de cerca o de lejos a los que intervienen en la profanación de la tumba de un faraón? ¿Existe alguien que no haya oído mencionar lo que sucedió cuando penetraron en la última morada de Tutankamón?
Lord Carnarvon, que financió el descubrimiento de la sepultura, fue el primero en pagar por ello. “¡Absurdo!, dirían ustedes seguramente. Lord Carnarvon murió resultado de un piquete de mosco que infectó su mejilla...” Y tienen razón, porque de algo hay que morir. Pero resulta asombroso el hecho de que todas las personas que intervinieron en la búsqueda de esta tumba murieron violentamente o antes de que les llegara la hora.
Todo esto pertenece al pasado, hace ya bastantes años. Pero ¿qué piensan de lo sucedido en fecha algo más reciente al director de Antigüedades Egipcias? Mohammed Ibrahim había hablado con sus amigos de un sueño, en el curso del cual le prohibieron enviar fuera de Egipto los tesoros de Tutankamón. El 19 de diciembre de 1966. Mohammed Ibrahim contó su sueño a varios delegados franceses que organizaban una exposición en Paris. Los personajes sonrieron y lo animaron a hacer caso omiso del aviso.
Pero menos de una hora después, cuando los acuerdos estaban ya firmados, y los franceses se disponían a trasladar a su capital las reliquias faraónicas, Mohammed Ibrahim abandonó la sala, atravesó la calle y fue atropellado por un vehículo. Dos días más tarde moría en un hospital resultado de las lesiones del accidente. ¿Quién sigue ahora en la lista?
